El Taxi
[10/04/2008 3:50 pm]

Había sido un día terrible. Papeleos, oficinas, "le falta a usted un documento", colas, tiendas, compra, más colas... Mi fibromialgia había hecho acto de presencia, un tremendo dolor me recorría desde la punta de los dedos de los pies hasta la raíz de mis cabellos, concentrándose despiadadamente en mi nuca, mis hombros, mi espalda, la zona lumbar, las manos, los muslos, las rodillas, las piernas y los pies.

Sentía como ir a caerme sin fuerzas en medio de la acera, como si mi yo no lograra sostener mi cuerpo. De repente vi pasar un taxi libre. No lo dudé ni un momento. Alcé mi mano como pude y al instante el taxi estaba junto a mí.

Con dificultad y casi sin fuerzas penetré en el coche y me dejé caer sobre el asiento desperdigando mis cosas, bolsas de compra, carpeta con documentos, bolso de mano, gafas de sol y demás, por todo el asiento y suelo del taxi.

A la pregunta del taxista respondí: "lléveme donde usted quiera".

En lugar de extrañarse el hombre e insistir, ni corto ni perezoso emprendió la marcha y yo, apoltronándome en el asiento intenté descansar y relajarme.

Casi me quedé dormida con el suave aire templado que entraba por la ventanilla acariciando mis mejillas. Veía pasar a nuestro lado las aceras llenas de peatones, parques, árboles..., el mar; de repente observé como salíamos a la autovía pero no me importó, me daba igual todo. El taxista conducía y yo... no tenía que hacer NADA.

Creo que comencé a dar algunas cabezadas y debí haber permanecido algún rato dormida porque cuando me fui a dar cuenta estábamos entrando en otra comunidad autónoma. No me importó, realmente me daba igual todo.

El viaje prosiguió. El paisaje ya me resultaba totalmente desconocido y las señales que indicaban las poblaciones rezaban nombres que no había oído en mi vida.

De repente llegamos a una especie de puerto. El taxi se deslizó por una rampa y se introdujo en el mar. Me espabilé, me puse muy nerviosa y comencé a asustarme. Pero ante mi sorpresa noté como el taxi no se hundía y navegaba perfectamente. Nos cruzamos con barcos, pequeños, grandes, de remos, a vela, de pesca, yates de lujo y hasta un transatlántico, pero ni un taxi más. Sin embargo, el mío, parecía haber estado toda su vida navegando.

Después de millas y millas marinas, imposible calcularlas, por fin tocamos puerto. Por una moderna carretera iniciamos un nuevo recorrido, cuando noté cómo el taxi se elevaba y podía circular sin rozar el suelo con las ruedas.

Intenté no perder la calma, al fin y al cabo desde que entré en ese taxi fui consciente de que no me importaba nada. Así que volví a relajarme y empezaron a acudir a mi mente escenas de películas. Recordé aquella de Bruce Willis vestido por Jean Paul Gaultier, El 5º elemento, la carrera de vainas de la Guerra de las Galaxias, una de James Bond en la que salía un vehículo anfibio... hasta que llegué a un preciso momento de mi infancia y pude visualizar un horrendo vehículo suspendido en medio del cielo y unas extrañas palabras: "Chity chity bang bang".

Cuando volví en mí, el taxi estaba sobre la pista de un aeropuero tomando velocidad. De repente comenzó a elevarse y, cuando me fui a dar cuenta, volábamos por encima de las nuebes. Como un vuelco en el estómago sentí en ese momento. Ahí sí que comencé a asustarme de verdad. Pero recapacité y pensé, si nos caemos ¿qué puede pasar? que me muera y que por fin encuentre el DESCANSO ETERNO... ¿hay mayor felicidad? y si sólo salgo herida me dolerá pero, por mucho que me duela, nunca será más que la fibromialgia. Con lo cual me volví a relajar y seguí disfrutando de mi viaje.

Ignoro el tiempo transcurrido, de nuevo había vuelto a adormilarme con el zumbido del motor atravesando las nubes, cuando noté que comenzábamos a descender y pronto visualicé la tierra. Al momento, y después de un limpio y preciso aterrizaje profesional, estábamos parados sobre la pista. Después de seguir el taxista unas breves indicaciones volvimos a tomar una de esas vías aéreas y en poquísimo tiempo atravesamos una ciudad del todo desconocida para mí y llegamos a una base espacial.

Después de un exhaustivo registro de nuestro automóvil y de algunas diligencias y comprobaciones, ingresamos en una especie de cubículo totalmente aislado. El taxista cerró las ventanillas, se aseguró de que tuviera mi cinturón bien ajustado y en cuestión de segundos observé como unas llamaradas bajo nosotros y, sin más tiempo que perder, el taxi salió propulsado "hacia el infinito y más allá".

Un sobresalto, como una sacudida, me despertó. Me hallaba bastante desconcertada, dolorida (normal en mi situación). Pronto me di cuenta de que me encontraba tumbada en una hamaca en la terraza de mi casa. Me sentí feliz, sobre todo cuando a mi lado, apoyada en la balaustrada, descubrí que permanecía esperándome mi bicicleta.



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   Resurrección
[23/03/2008 5:01 am]
Oh mujer, bruja malvada, parca.
Cruel, villana, la de la guadaña.
Tú que siegas la vida humana,
tú, que decides cuando se acaba.
Tú, que inmisericorde acudes allá donde hay guerra,
donde hay hambre, enfermedad...,
donde crees que te llaman.

Tú, la que no perdona,
la que con todo arrasa,
la que no deja vida, ni una estela humana.
Hoy vas a sufrir, malvada.
Hoy, muerte, serás derrotada.

Alguien más poderosa que tú se acerca,
viene pisándote los talones.
Te persigue, pasará por encima de ti,
se reirá de tu sombra, te dejará alelada.
Hoy vence la Resurrección. Hoy, serás humillada.

Vieja bruja, muerte antipática
ya no tienes poder ¿qué harás ahora?
La Resurrección te vence,
triunfa la vida. Muerte, te acabas
Oh mujer, bruja malvada, parca
cruel, villana, la de la guadaña
Hoy vence la Resurrección
Hoy, serás humillada.
 

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   Alguien vive al otro lado
[17/03/2008 7:33 am]
Alguien vive al otro lado
al otro lado del mar, del océano
después de colinas y valles
de bosques, campos y barrizales
de viejos pueblos y modernas ciudades
Más allá del horizonte, si eso existe,
alguien vive al otro lado.

Alguien con quien hablo vive al otro lado
alguien por quien sueño vive al otro lado
alguien por quien suspiro
alguien por quien vivo
y alguien por quien muero
alguien a quien no conozco
alguien, vive al otro lado.

Su voz es un suspiro lejano
su cuerpo, invisible y etéreo
su existencia, nadie puede dudarlo
su presencia, firme
su espíritu, humano
su alma traviesa
Es alguien que vive al otro lado.

Es un rostro invisible que se oculta al otro lado
un fantasma, un espíritu
un ente chiflado
un alma que me busca
un cuerpo que busco
una extraña apariencia
Alguien, no más, que vive al otro lado.
 
 
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   Por amor también se sufre
[12/02/2008 5:00 am]

En silencio y callada nostalgia
con el alma estrujada en un puño
reteniendo en un fallido intento
las lágrimas, que desbordan los ojos
Conteniendo el llanto amargo
que pugna por salir afuera en estallido
Conteniendo el sollozo entrecortado,
el suspiro, la queja, el alarido.

Por amor también se sufre
por amor se quema el alma
buscando la felicidad inútil
esperando que pasen los días
como aquel que no espera ya nada
viviendo en un mundo perdido
perdidos en un valle de lágrimas
consumiendo la vana esperanza.

Poco a poco caminan los días
esperando la caricia olvidada
la palabra alegre del cariño
el detalle guardado hace tiempo
el abrazo que antaño fue dado
la nostalgia del beso encendido
el "te quiero" dejado en el tintero
el amor abandonado en el camino.

Lento camina el tiempo
y en su lentitud arrasa
consume el alma dolorida
martillea la sien, machaca,
mas aún queda esperanza
esperanza inútil, esperanza vana
inmisericorde espera
cruel, absurda, insensata.

"No quiero volver a verte nunca"
esas serían las palabras adecuadas
sin embargo se mantienen calladas
están en la mente, en la razón
mientras por el corazón resbalan
porque inútil,  absurda, insensata
hiriente y consumiendo el alma
se mantiene viva la esperanza.

Por amor también se sufre
por desamor se agoniza
ese es un dolor que hiere
ese es un dolor que mata
que traspasa el alma entera
que devora las entrañas
que te deja sin sentido
por amor, se pierde el alma.


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   Oda a un Valiente
[03/02/2008 10:40 am]
     Más allá de la razón hay quien lucha por sus ideales, más allá de la razón la vida es un escenario de guerras por defender aquello en lo que uno cree, aquello que uno ama, aquello por lo que uno vive, aquello que considera la verdad. Más allá de la razón el espíritu romántico continúa vivo. Más allá de la razón sentimientos tan puros como los de la verdadera amistad prevalecen. Más allá de la razón nos llega a diario La hora de la Verdad.
Dedicado a mi amigo Miguel Angel
 

 

Oda a un valiente


Era joven y barbado
bisoño y de sangre caliente
contra muchos en la red enfrentado
pero lanzado y valiente

A fuego y sangre luchaba
por defender sus ideas
aun a pecho descubierto
no dudaba en defenderlas

Con el corazón en la mano
exponía sus creencias
con talante tan humano
que conmovía de veras

Pero un día en la batalla
cayó herido en este medio,
sintió en su pecho una lanza
creyó morir sin remedio

Mas junto a él acudieron
sus amigos incondicionales
"No te rindas" le dijeron
"sigue luchando, no pares"

"No te detengas, amigo
la hora de la verdad ha llegado
¿Quién vencerá al enemigo,
quién exterminará los parásitos?"

"No te nos mueras ahora
que tanta falta nos haces
todos te apoyamos en esta hora
que en la verdad te complaces"

"Amigo de piel vellosa
el de corazón más grande
el de sonrisa espumosa
el de las alas de arcángel"

"El de la alegre figura
el que malaviadas hace
el terror de los piojos
el insigne Miguel Angel"

"No te nos mueras, amigo
que mucha falta nos haces
en esta hora bendita
con la verdad por delante".

Y el joven barbado bisoño
no se rindió ante los medios
con fina y astuta ironía
encontró su gran remedio

Reconoció en la amistad
su gran arma poderosa
y luchó con voluntad
por la verdad victoriosa.



Epílogo

Ni cielo ni tierra vio
valentía tan sublime
como la del joven Malavia
nunca vista ni en el cine.
 
 
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San Miguel Arcángel, Guido Reni

   El Descenso
[26/01/2008 10:11 am]
Después de un tiempo en el que he tenido abandonado mi blog (pido disculpas por ello), reanudo mis posts con este relato corto de hoy, con alegría por volver al contacto con vosotros, mis visitantes, mis lectores, pero también con la tristeza por tener que comunicaros que mis entradas en él ya no serán tan asiduas como antes, por algún motivo más allá de la razón. No obstante procuraré hacerlo de vez en cuando y mantenerlo algo vivo.
Así pues, os doy la bienvenida de nuevo y os transmito mis mejores deseos para el año que no hace todavía un mes tuvo comienzo, el 2008.

***

Ayer, ignoro por qué, debía asistir a un examen con mi hijo. No se trataba de acompañarlo, yo, también tenía que examinarme.

Sentía una angustia tremenda ya que de aquel examen dependía que yo terminara mi carrera, la cual había dejado a medias y me jugaba el último curso. Pero mi inquietud no sólo se debía a esto sino también a que ya hacía algunos años que tenía este curso colgado y había perdido el hábito de estudiar y sobre todo de examinarme.

Mi hijo, aparentemente, se encontraba algo más tranquilo que yo y, en consecuencia, confié en él. Pero no sé que desatino nos condujo a confundir la fecha del examen y justo nos preparamos para acudir a hacerlo al día siguiente del que ya había tenido lugar. Entonces mi angustia aumentó doblemente porque, según mi hijo, en el mismo momento que me advirtió del error, me comunicó que teníamos otra oportunidad pero de inmediato, y yo, no sé por qué extraña desidia, no había preparado mis útiles, pero, lo que es peor, no había estudiado.

Así es como, llevada del estrés y consumida por una excitante angustia, comencé como loca a buscar los folios y los apuntes. Montones de viejas carpetas, de apuntes ininteligibles, escritos a medias, con tachones, desordenados y ni un solo folio en blanco es todo lo que conseguí encontrar.

El tiempo corría y se nos había echado encima la hora del examen. Mi hijo, con todo preparado y su número de folios justo, me esperaba junto al coche metiéndome prisa. Yo, con el corazón cercano a mi garganta, buscaba sin cesar como loca alguna hoja de papel en limpio, pero mi búsqueda fue totalmente infructífera y, aunque me pasó por la cabeza, no había tiempo de acudir a la papelería pues, si perdíamos un minuto más, llegaríamos tarde al examen.

Montamos en el coche y nos dirigimos al centro donde debíamos realizar la prueba, confiando, no sé por qué extraña razón en que alguien me prestaría algún folio. Y digo "no sé por qué extraña razón" porque en mi ofuscación no me di cuenta de que el examen era sólo para nosotros. Yo esperaba encontrar aquello lleno de gente nerviosa igual que nosotros, gente preocupada porque no se sabían esto o aquello, gente repasando sus apuntes, que seguro estarían más claros que los míos, gente que, como era de esperar, tendría algún folio sobrante para prestarme. Pero no, toda aquella amable y nerviosa gente ya había tenido su oportunidad el día anterior.

Así, hechos un manojo de nervios (yo más) entramos en la sala de clase que teníamos designada. No entiendo por qué pero era todo tan confuso... No reconocí a ninguno de los profesores que por allí pululaban en tareas algo extrañas para la ocasión. Sin embargo a mi hijo parecía no extrañarle nada y con toda naturalidad se dirigió hacia un anciano profesor que le hizo sentar en un pupitre y, cuando me fui a dar cuenta, él ya se encontraba escribiendo y respondiendo a las preguntas del examen.

Sin embargo yo, como paralizada o, más bien, como si fuera invisible, me quedé absorta observando los movimientos de aquellos (a mi entender) profesores, sus idas y venidas pasando por mi lado como si yo no existiera. En algún momento tuve la tentación de abordar a uno de ellos y advertirle que no se olvidara de mi examen, pero ¿cómo podía hacerlo? si no tenía hojas donde escribir, si había cometido el tremendo fallo de no ir preparada.

En vista de que nadie me hiciera caso me acerqué a curiosear el examen de mi hijo. Al principio temí que me llamaran la atención pero enseguida pude comprobar que todos pasaban de mí.

Me acerqué al pupitre donde mi hijo escribía y se debatía por encontrar respuestas adecuadas a aquellos planteamientos que, a pesar de ir mejor preparado que yo, le resultaban sumamente difíciles de resolver y lo tenían sumido en una especie de trance desesperado pues se encontraba al borde del desmayo y observé, no sin inquietud propia de madre, que había vomitado sobre la mesa. Pero no me sentí capaz de decir nada a ninguno de los maestros, que seguían pululando por ahí sin hacer caso de ninguno de los dos.

De repente observé que llegaba más gente, pero no tenían nada que ver con el examen. Mi hijo se encontraba como en un recinto un poco apartado, iluminado por la luz de un gran ventanal y se quedó solo con su angustia y su esfuerzo mental. Yo, en cierto modo, me sentí aliviada de librarme de aquel complicado examen, sobre el que no tenía ni idea. Recordé entonces, con cierta dosis de tranquilidad, que había dejado restos de un paquete de folios sobre la columna de mi ordenador. Evidentemente, ese examen no me correspondía.

Entonces me dediqué a prestar atención a los movimientos de la sala contigua, en la que yo había permanecido hasta el momento de ir a visitar a mi hijo, más oscura y lúgubre, donde llegaban extraños personajes, no por su apariencia sino porque portaban cuadros de grandes proporciones, antiguas pinturas como de origen barroco, en tonos muy oscuros, tenebristas, con escasos y llamativos puntos de luz en algunas imágenes, y las iban colgando en las paredes de aquel recinto donde mi presencia parecía pasar desapercibida. Así que decidí dedicarme a mirar los cuadros como si de una exposición se tratara, hasta que uno de aquellos profesores, de imagen apacible y amable, sin pronunciar palabra se acercó a mí y me ofreció un cestito, de esos típicos de anea, con sus dos asitas, como esos de toda la vida que suelen pasar en las iglesias para pedir las ofrendas monetarias.

Yo, por no ser descortés, extendí mi mano y cogí el cestillo que me ofrecían. No sé por qué fue en aquel preciso momento cuando comprendí que yo no había ido a aquel lugar para examinarme, sin embargo, una rara incertidumbre me embargaba. No entendía el significado de encontrarme en aquel lugar mientras mi hijo realizaba su examen. Pero, sobre todo, los descubrimientos que a continuación tuve ocasión de realizar, fueron los que terminaron de desconcertarme.

Me quedé mirando el cestillo que acababa de entregárseme. En su interior contenía como una especie de maquinita adosada, negra y con botones o teclas también negros excepto alguno en verde y otros en rojo. Miré a mi alrededor y vi como algunas personas en esa sala, plantadas delante de los cuadros, cada una con un cestito en sus manos idéntico al mío, oprimía los botones de su maquinita y las imágenes de las pinturas tenebristas se movían obedeciendo el mandato de las teclas, cual si de un videojuego se tratara.

Yo, perpleja, dirigí mi vista hacia un enorme cuadro que ocupaba casi todo un lienzo de pared y hacia el cual llamaban la atención dos o tres de aquellos supuestos profesores. Maravillosamente, el contenido de la pintura, toda ella en tonos pardos y recubierta de un oscuro barniz holandés, iba cambiando sus formas; de arriba abajo, al paso de la vista, se abría un pórtico que quedaba como en alto y el espectador, después de subir una escalinata, podía penetrar en un salón cuyo decorado iba cambiando a su paso.

Fue entonces cuando por medio de señas aquellos hombres, de seria, circunspecta y sobria apariencia me invitaron a que me pusiera delante de una de aquellas obras y la dirigiera a mi gusto con el cestillo que me había sido entragado.

Mediante la áspera sensación de la rústica materia en mis manos pude comprobar cómo yo también era capaz de cambiar a voluntad el aspecto del cuadro que tenía ante mí.

Cuando más ensimismada estaba, más absorta en aquella novedosa tarea, me di cuenta de que mi hijo había entregado su examen y, agotado y no muy satisfecho, me requería para volver a llevarlo a casa.

Me disponía a hacerlo cuando un maremagnum de gente, un confusionismo tal, me hizo perder el contacto con él y, sin saber muy bien cómo, me vi inmersa en un escenario completamente distinto. Era la hora del atardecer, el sol ya caía por el horizonte, pero no era visible desde donde me encontraba, y una tenue luz que poco a poco se apagaba envolvía el ambiente de aquel lugar al que, sin saber muy bien cómo, había ido a parar al salir precipitadamente de la sala de ¿exámenes?, ¿exposiciones?, ¿videojuegos?...

Era un paisaje como de montaña, yo me encontraba sola en aquel paraje cuando una voz como proveniente de mi interior me advertía de peligro, me avisaba de que yo no era lo suficientemente fuerte, lo suficientemente autoritaria como para enfrentarme a un grupo de jovenzuelos que se acercaban por el horizonte con aspecto gamberro y no muy sanas intenciones.

Pero ante la imposibilidad de huída y porque tampoco me parecía una idea acertada ni conveniente, pues en ocasiones las apariencias no son justificadas y no concuerdan con la realidad, pensé que tal vez aquella panda de jóvenes no eran agresivos y, por el contrario, tal vez necesitaban de mi ayuda.

Así fue como, cuando me fui a dar cuenta, ya estaban cerca de mí y, aunque en un primer momento temí por mi integridad, la forma segura en que me dirigí a ellos permitió que me respondieran con respeto y me hicieran saber que andaban perdidos, que no conocían aquel lugar. Entonces yo recordé que conocía el lugar perfectamente de antaño y les indiqué con la mayor claridad posible que, desde el punto más bien llano en el que nos encontrábamos, había dos opciones, una de ascenso hacia la cumbre, difícil y escarpada a la que cada uno podría tener acceso a un nivel diferente según sus posibilidades, y otra de descenso, también por un terreno dificultoso, siguiendo una cañada pedregosa, de la que era fácil salirse y andar por lo más difícil.

Pero ante la duda, la interrogante de cuál camino tomar, el de ascenso o el de descenso, al final del cual recordé que se abría un inmenso mar, les aconsejé que, para conocer bien el terreno, para afianzarse en aquel lugar, comenzaran su periplo en descenso de manera que fueran tomando contacto poco a poco, se acostumbraran a pisar aquellas tierras, a experimentarlas y, cuando hubieran llegado abajo del todo y hubieran pasado la noche allí, estarían en condiciones óptimas de emprender el ascenso hasta la cumbre, hasta el punto que cada uno eligiera.

Yo, aunque un poco achacosa por la edad, un poco ya sin fuerzas, abrumada por el deterioro físico de mi organismo y considerando el terreno difícil para mis condiciones, me comprometí a acompañarlos en su excursión como guía conocedora de aquel singular terreno.



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Filósofo en meditación, Rembrandt

   Besos
[23/10/2007 9:49 am]
Caminaba por la calle un día y vi
un beso tirado en la acera.
No entendí por qué aquel beso
repudiado, no querido,
permanecía en el suelo
y nadie lo había recogido.
 
Comprendí entonces que había
besos que no quiere nadie,
besos que se dan por pena,
por costumbre o por mofarse...
Besos que se caen al suelo
y que se los lleva el aire.
 
A veces la gente los pisa,
los empuja, los arrastra
o los echa a la basura
por no ensuciar ¡qué caramba!
"Esos besos no son buenos
no te agaches para nada". 
 
Y en un rincón del callejón
alguien llora su desgracia,
nadie despositó en su mejilla
ni un beso ni una mirada.
Porque su mejilla está sucia
y su piel está llagada.
 
Y los besos que han caído,
ya ruedan por la calzada
como si fueran canicas,
como si nada importara,
como si un beso en la vida
no valiera casi nada.
 
Y yo que suspiro por uno
y tengo la cara lavada
recibo besos de Judas
como si nada importara,
como si un beso en la vida
no valiera casi nada.
 
Y en el rincón del callejón
alguien llora su desgracia
por un beso que cayó
como si nada importara,
como si un beso en la vida
no valiera casi nada. 
 
Caminaba por la calle un día y vi
besos que no respiraban.
Su agonía era inminente,
su aspecto los delataba.
Yacían pisoteados, 
heridos y maltratados
como papel de envoltorio,
como una mota de polvo,
como una colilla apagada,
como si nada importara,
como si un beso en la vida
no valiera casi nada. 

 

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Besos, besitos, besotes, besazos y besamanos 
y también los besapiés, todos los ósculos que damos, 
el de tornillo, el francés, el griego y hasta el romano
mejor no los desperdiciéis, pero dadlos a quien tengáis más a mano.

   Las madres nos hacemos viejas
[14/10/2007 1:27 pm]
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Anoche decidí ir al cine, confieso que ya hacía tiempo. Ilusionada, me dirigí a un multicines, mi intención era ver La Huella pero me llevé la desagradable sorpresa de que este film seguía un horario distinto al anunciado y ya llevaba media hora de proyección. Sin oportunidad de pensármelo mucho entré a ver otra de las películas que me habían hecho dudar, El Orfanato, descartada en un principio porque iba sola y pensé que, ante las escenas de mucha tensión y miedo, no tendría a quién estrujarle el brazo a mi lado y, la verdad, una que es hipertensa y ya va teniendo sus años, por mucho que se resista a crecer, se ve expuesta a sufrir un infarto de miocardio ante la contemplación de una de esas terroríficas escenas...Pero ante la imposibilidad de visualizar La Huella, cuya última proyección del día, la sesión de madrugada, ya llevaba produciéndose desde hacía media hora, sin ocasión casi de pensármelo y tratando de obviar mi hipertensión, en un alarde de valentía compré una entrada para El Orfanato.

No, no pasé mucho miedo, al menos no tanto como en Silent Hill; más bien diría que la película suscitó en mí otro tipo de sentimientos.

Casualmente he llevado unos días obsesionada con el mito de Peter Pan y Wendy, con los síndromes, reconocidos hoy en día en psicología con los nombres respectivos de Peter Pan y de Wendy. A pesar de ser una madre responsable (hasta cierto punto), mi mente se niega a llegar a la adultez y...esto, la verdad, es un problema cuando los achaques y los quebrantos de salud, propios de la edad física, comienzan a hacer estragos en la persona y a otorgarle signos de...¿vejez?

Amor maternal, niños que no quieren crecer, adultos incapaces de enfrentarse a su destino, niños perdidos, celos, Edipo, personajes malvados, realidad y fantasía, peligros, terror, muerte; todos ellos son ingredientes con los que cuenta esta película de Guillermo del Toro, dirigida por Juan Antonio Bayona, como debutante, y magníficamente protagonizada por Belén Rueda, en el papel de madre incondicional del niño, Simón, que no quiere hacerse mayor y vive una infancia "peligrosa", a la que se aferra con todas sus fuerzas, ante la amenaza de una enfermedad que padece y que puede ser mortal si abandona su medicación crónica. La película hace una alusión directa a la famosa obra de J.M. Barrie.

Simón no quiere hacerse mayor y le aterra la idea de envejecer y la de la muerte. Pero tiene la suerte de contar con una madre protectora e incondicional, madre adoptiva pero que lo quiere como si lo hubiera parido y a la que pretende "encasquetar" el cuidado de sus amigos, los que va haciendo a lo largo de la película, los "niños perdidos", niños sin madre, abandonados a su suerte en el orfanato. Ni que decir tiene que Laura, la madre de Simón, es la Wendy de esta película, una niña criada en el mismo orfanato pero que tiene la suerte de ser adoptada y vivir una vida diferente a la de esos otros niños y niñas, compañeros suyos, con los que comparte la infancia, la residencia y los juegos, y que ven en ella una compañera con dotes e instinto maternales.

Image Hosted by ImageShack.usEste exacerbado instinto maternal que poseen algunas mujeres hasta el punto de una clara fusión con el hijo en momentos extremos que las hacen llegar a la locura o a cometer actos también extremos (véase el ejemplo de la realidad más actual en el caso de la desaparecida Madeleine), lo pudo ver J.M. Barrie en su propia madre, que quedó trastocada después de la muerte de su hijo mayor, hermano de Barrie, al que no hizo mucho caso como ente propio sino que pretendía en ocasiones adivinar en su persona la entidad del hijo perdido años atrás en un nefasto accidente de patinaje, hecho que su amor de madre nunca pudo superar. Es el fenómeno que ya pudimos contemplar en aquella película de José Antonio Salgot del año 1980, protagonizada por Victoria Abril, Mater Amantísima, en la que hacía el papel de una madre obsesionada con el autismo que padecía su hijo, hasta el punto de una fusión tal con el problema del niño que, ante la imposibilidad de hacerle salir de él, prácticamente ella comienza también a padecerlo, llegando incluso a acabar con la vida de ambos en una dramática escena que iconográficamente recuerda la representación de La Piedad de Miguel Angel, obra que, siguiendo los cánones represenativos del ideal renacentista, paradójicamene representa a la Virgen como una joven de belleza inmaculada cuyos rasgos aparentan menos edad que el hijo yacente en sus brazos. El Orfanato, guardando las distancias pertinentes en cuanto al género, estilo, argumento, situación..., no puede evitar que en algún momento de su visualización me recordara a la película de Victoria Abril.


Llevado por un arranque de celos, una manifestación del sentimiento edípico, el pequeño Simón, en un momento clave de la película, protagoniza el suceso crucial, el desencadenante de la trama en la que, irremediablemente, queda envuelta Laura, que prescinde ya de marido, profesión y cualquier otro aspecto de su vida que no sea encontrar a su hijito desaparecido.

Una historia que se nos muestra irreal, sobrenatural, en un ambiente de misterio, de terror..., es capaz de llegarnos y tocarnos el corazón porque nos muestra sentimientos reales y porque, no lo olvidemos, en la mayoría de ocasiones, la realidad supera a la ficción.

Pero Wendy (Laura), a pesar de vivir en un mundo de niños, de jugar con los niños en el País de Nunca Jamás, ante todo es madre y, después de sus incursiones y regresos al mundo de los adultos, no consigue madurar lo suficiente, no es capaz, como adulta, de afrontar la realidad y decide quedarse en el mundo de la fantasía, de la irrealidad, en Nunca Jamás, a pesar de la diferencia de edad manifiesta entre ella y su pequeño Peter Pan (Simón) y los "niños perdidos", que empezaron su andadura en la vida al mismo tiempo que ella y que llama la atención a uno de esos pequeños cuando, al fijarse en ella, extrañado comenta "anda, si ella ya es vieja"; no olvidemos que ante todo Laura es madre y las madres, en la vida real, lejos del idealismo renacentista, siempre envejecemos.


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La Piedad, Miguel Angel

   El Hombre del Traje Gris y la Corbata Azul marino
[12/10/2007 10:07 am]
Dedicado a mi amigo Ciriaco de Málaga

 

Desde hace algún tiempo me persigue un hombre con traje gris y corbata azul marino; un hombre con cierta clase, jóven, de pelo oscuro y ojos penetrantes.

Hace ya unos días me crucé con él por primera vez comprando en el supermercado. Al pasar por mi lado, justo en el pasillo de los congelados, como quien no quiere la cosa, me lanzó una mirada escalofriante.

No hice mucho caso, pensé que tal vez eran imaginaciones mías. Pasados unos días ya casi me había olvidado, pero, cuál no sería mi sorpresa cuando, en una excursión que hice el domingo con unos amigos a un lugar retirado en medio de un bello paisaje en el que emerge una preciosa ermita que tenía mucho interés en visitar, casualmente, al entrar en la iglesia, estaba terminando de celebrarse una misa y... allí estaba él, el hombre del traje gris y la corbata azul marino.

Esperamos para hacer nuestro recorrido turístico por el templo a que acabara la misa. Cuando la poca gente que había comenzó a salir disimulé mirando hacia otro lado, pero el azar quiso que este hombre se quedara rezagado; mis compañeros me hicieron señas de comenzar nuestra visita y, sin poderlo evitar, fui a cruzarme de nuevo con el hombre del traje gris y la corbata azul marino. Disimulé todo lo que pude mi desazón cuando, al pasar por su lado, noté cómo su oscura mirada fue a clavarse sobre mi escote con un cierto matiz acusador. Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
 
De nuevo quise desechar mi percepción y lo achaqué a que tal vez no me sentía cómoda entrando a una estancia religiosa sin la vestimenta adecuada. Y pasaron unos cuantos días hasta que por fin pude olvidarme de la mirada de aquel hombre.

El sábado siguiente fui a comer con una amiga a un restaurante en el que ofrecen variedad de carnes de bóvidos y...allí estaba él, el hombre del traje gris y la corbata azul marino, saboreando con fruición una enorme hamburguesa de carne de buey. Procuré elegir una mesa fuera del alcance de su vista, pero fue inútil, de nuevo ¿el azar? quiso encontrar el momento justo en que los dos habríamos de pasar por el mismo punto del restaurante en direcciones opuestas y..., como de costumbre, una profunda mirada asesina atravesó mi cuerpo desnudándolo. No, no es que me pareciera lasciva su mirada, no es que presintiera en aquel hombre deseos de contemplar mis vergüenzas..., es que sencillamente intuí que no le gustaba cómo iba vestida.

La verdad es que estos encuentros empezaban a preocuparme. Al final me obsesioné, llegué a tropezarme con el hombre del traje gris y la corbata azul marino en cada sitio donde iba. Si entraba en la biblioteca allí estaba él, si visitaba un museo, por supuesto, él estaba allí; si iba de compras, él estaba comprando, si aparcaba mi coche en un garage subterráneo, él estaba aparcando el suyo a pocos metros de distancia. Si salía a tomar una copa, coincidía con él en el mismo bar. Si iba al cine, él estaba en la misma cola que yo...

Aquello se me empezó a hacer insoportable. Ya no era capaz de distinguir si mis ojos lo veían realmente o todo era producto de mi imaginación. Como era de esperar también penetró en mis sueños...y en cualquier rincón de mi casa, era ya capaz de verlo por todas partes. Su mirada siempre clavada en mí. Ni en mi propia casa estaba tranquila. Llegó a hacérseme este asunto tan intolerable que ya ni era capaz de desnudarme y entrar en la ducha, y por las noches me acostaba vestida, sí, con mi última adquisición, un jersey negro de cuello alto y manga larga, mi falda hasta los tobillos y mis leotardos debajo, sólo me quitaba los zapatos...Pero cada vez se me hacía más difícil conciliar el sueño, no sé si por la incomodidad producida por la ropa y el sudor acumulado de días sin poder sentir el suave y relajante correr por mi piel del agua mezclada con la espuma del gel o por el temor a encontrarme cara a cara con el rostro del hombre del traje gris y la corbata azul marino. Terminé por no salir a la calle, tan sólo para lo imprescindible, pero siempre con miedo.

Image Hosted by ImageShack.usPasados unos días un amigo mío que es gay me llamó para salir a dar una vuelta por la zona de "ambiente". Ilusionada quedé con él pues llevaba muchos días enclaustrada, necesitaba salir, cambiar de aires, ver gente, pasarlo bien y olvidarme de mi perseguidor. Era imposible tropezarme con él en ese ambiente... Ante la felicidad que me embargaba, la esperanza de pasarlo bien y las ganas de ver a mi amigo, en un alarde de valentía me desprendí de mi jersey negro de cuello alto, de mi falda hasta los tobillos y de mis leotardos y, desnuda completamente me metí en la ducha. Al principio un leve escalofrío me recorrió ante el recuerdo inconsciente de la famosa escena de Psicosis, la inolvidable película de Hitchcock, pero mo me dejé llevar de esos pensamientos y comencé a disfrutar del inocente placer de sentir mi piel acariciada por el suave aroma del gel hecho espuma en su contacto con la templada agua. ¡Uffff!, cómo lo necesitaba, casi me relajé tanto que me dieron ganas de acostarme..., pero no, esa noche era para salir y pasarlo bien.

Busqué en mi armario la indumentaria más fashion, el top más escotado, el look más atrevido y me pinté con el maquillaje más osado desde hacía décadas. Al rato mi amigo y yo estábamos diviertiéndonos de bar en bar, de copa en copa. Mi memoria había abandonado por completo el recuerdo que me estremecía y me hacía sentirme desgraciada todavía algunas horas atrás, cuando, de repente, frente a mí, al otro extremo de la barra, su imagen se me presentó como una aparición. Era él, con su traje gris y su corbata azul marino, y su penetrante mirada asesina. Me amargó el resto de la velada. Al poco rato, simulando haberme sentado mal algo de lo que había bebido, le dije a mi amigo que deseaba regresar a casa. Rendida por el cansancio y el alcohol pude dormir esa noche, pero sufrí horribles pesadillas.

A la mañana siguiente tomé una decisión. Esa situación ya no podía soportarla por más tiempo, mi psique peligraba y, quién sabe si también mi vida. ¿Quién era aquel individuo? ¿Qué quería de mí? ¿Por qué me seguía a todas partes? Porque era evidente ya que no nos encontrábamos por casualidad, aquel sujeto me perseguía, ya no cabía ninguna duda... Así que, convencida, me puse en contacto con un investigador privado.

Todavía se sucedieron algunos encuentros pero yo confiaba en que mi detective estaría haciendo su labor y pronto me vería desembarazada de esa angustiosa persecución, cuando, de repente, una tarde, caminando sola por una calle, lo vi venir hacia mi, como siempre, con su traje gris y su corbata azul marino. Aterrorizada miré a mi alrededor en busca de ayuda, no había nadie más, estaba perdida...Con mi respiración entrecortada, sumamente agitada por el miedo, giré en otra dirección y... por suerte, divisé una cabina telefónica a pocos metros de mí y, aferrada a la idea de que aquel sujeto no me veía, me introduje en la cabina como única opción para mi salvación. Una vez dentro llamé conmocionada al detective que había contratado, mientras veía alejarse, de espaldas a mí, al hombre del traje gris y la corbata azul maino. Al otro lado del hilo telefónico pude oir la voz del investigador que me decía: "No es el hombre quien te sigue a ti, eres tú quien sigue al hombre".

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   Mi Habitación
[10/10/2007 4:35 pm]

" target="_blank">Autumn leaves, Eva Cassidy

 

Hoy me embargan la tristeza y la desidia. Mi corazón sufre resquebrajamientos. Clamo al cielo pero el cielo no me escucha. Las cuatro paredes de mi habitación parecen caérseme encima. Una extraña sensación entre la apatía y la desesperación de mí se apodera. La frialdad de la soledad, la angustia de la agorafobia. Las cuatro paredes de mi habitación amenazan con derrumbarse.

La primavera queda lejos. Nací en primavera, como Van Gogh. El otoño no está hecho para mí. Busco el calor sin encontrarlo, el nacimiento de las flores, el canto de los pájaros, el color de los alegres girasoles. Tras de mi ventana las hojas secas, caídas, arrastradas por la brisa sobre el suelo me recuerdan todavía más mi soledad, mi abandono, mi desconsuelo.

No hace muchos días teñí mi cabello, cubrí el rojo anaranjado por un color otoñal, frío y apagado. Tal vez lo hice en un intento por no llegar a la locura, por no agredir mi carne, por no exponer mi vida.

Espero, y en la espera, estas cuatro paredes se derrumban. Mi corazón sufre resquebrajamientos. Me embargan la tristeza y la desidia. Clamo al cielo y, sin embargo, las cuatro paredes de mi habitación se me caen encima.

Entre estas cuatro paredes siento la lejanía, la distancia, la ausencia... cada vez se hacen más grandes, mi habitación cada vez más pequeña. El no está junto a mí, yo junto a él tampoco. Mi habitación está vacía, mi corazón, solo. Y me embargan la tristeza y la desidia.
 
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La Habitación de Van Gogh

   Más allá del Dolor
[09/10/2007 10:59 am]
(Dedicado a l@s que, como yo, padecen Fibromialgia)
 
Asiduamente recibo en mi cuenta de correo noticias relacionadas sobre la fibromialgia. Hoy, en la web de donde provenía la noticia recibida, he descubierto en una esquinita, casi escondido entre las fotografías de arte religioso y de Semana Santa que llenaban la página, en formato más reducido de lo normal, este vídeo de YouTube cuya visualización os ofrezco desde mi blog.
 
Forma parte del documental Días de Sol  realizado por Francisco Santiago y Alberto G. Acevedo para la Hermandad del Sol de Sevilla. Ha llamado mi atención la crudeza y realismo con que están representadas estas imágenes cuyo autor desconozco, pero que hacen imaginar, sentir, la intensidad del dolor.
 

Más allá del dolor, pisando la muerte, pasando por encima de ella, se manifiesta el poder divino en el padecimiento y sufrimiento de Jesús.

 


   Sin ti
[08/10/2007 4:05 pm]

Cada vez que mi alma respira

cada vez que el aliento yo siento

una nube de ti que me envuelve

una magia que llevo muy dentro.

 

Un pesar que a veces me corroe

mi alegría convierte en sufrimiento

el llanto se estanca en lo profundo

de mi vida me queda el sentimiento.

 

Y cuando zozobra mi vida y te alejas

cuando suspiro y te siento tan dentro

y no comprendo por qué estás tan lejos

te tengo cerca tan sólo un momento.

 

Envolverte quisiera en mis redes

sentir en mí tu voz y tu aliento

complacer tu deseo carnal

mientras se oye el murmullo del viento.

 

Amargo el día y triste la noche

me doy cuenta que hoy no te tengo

si decides venir algún día

preparada estaré para el encuentro.

 

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Maleonn Ma

   Dio come ti amo...
[07/10/2007 7:41 pm]

En esos días en que el cansancio, el agotamiento, se une a la tensión provocada por ese bombardeo, por ese martilleo machacón de noticias, polémicas, disyuntivas, debates...que te ponen la cabeza hecha un bombo y, llegada la hora de dormir, ese desasosiego que se ha apoderado de ti, no hay quien se lo quite de encima, no aconsejo a nadie que se meta en la cama en ese estado, lo mejor es que encendáis una varilla de incienso, respiréis profundamente y escuchéis algo de música relajante mientras vuestros ojos se dejan llevar de la magia de la composición visual proporcionada por la tecnología del vídeo...Poco a poco vuestra mente dejará de trabajar a ese ritmo frenético provocado por la indigesta ingestión de noticias y opiniones, vuestros ojos se deleitarán con fluidez en la contemplación de imágenes desprovistas de cualquier significado contovertido, mientras suena en vuestros oídos una vieja melodía italiana que en su día pusiera de moda el inefable Domenico Modugno, que interpreta, acompañada mediante unos relajados sonidos jazzísticos, la inconfundible e inigualable voz de Mina, al mismo tiempo que su rostro, ese icono famoso ya desde hace unos 40 años, sirve de elemento básico para este  trabajo de composición encontrado en YouTube.

Os aseguro que, cuando hayáis terminado de visualizarlo y hayáis escuchado esta novedosa y bella versión de Mina de Dio come ti amo, mientras los efluvios del suave aroma proporcionado por la quema del incienso penetran en vuestro sentido del olfato llegando a vuestro cerebro en forma de señal relajante, habréis olvidado cualquier problema y estaréis dispuestos para entrar en vuestra cama y sumergiros en las delicias del mundo de Morfeo.

" target="_blank">Dio come ti amo, Mina 


   La Huella
[20/09/2007 10:38 am]

Esperando a que el tiempo la borre

los días caminan despacio

pero la huella permanece en su sitio

hendida, visible, doliente.

 

Esperé sin saber qué esperaba.

Olvidé sin querer olvidar.

Acoracé mi corazón,

mis ojos se secaron.

 

Construí un muro en mi interior,

separé el pensamiento del alma,

la mente del corazón...

mi garganta, también se secó.

 

Esperando esperé sin saber,

sin saber que el tiempo no hacía nada,

que el tiempo tan sólo pasaba,

pasaba de largo sin decir ni adiós.

 

Esperé sin saber qué esperaba.

Olvidé sin querer olvidar.

Presagié que algo se terminaba

Pero el tiempo no quiso pasar.

 

La huella, intenté disimularla,

creí no ver su marca pero allí estaba

hendida, visible, doliente...

como si el tiempo no pasara.

 

Pero el tiempo indiferente

lento seguía su marcha

ajeno a la huella que dejaba

hendida, visible y doliente.

 

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Fotografia de una huella de oso en la cueva de Misuri, El Mundo.es

   Una Criatura Maravillosa (II parte) ¡Bravo!
[17/09/2007 8:07 pm]

...Bueno, he de reconocer que la mayoría de las veces no presto demasiada atención a los spots publicitarios (es mejor para mi bolsillo).

Como decía en mi post anterior, del anuncio del Fiat Bravo había llamado mi atención el tema musical y la voz de la intérprete, de quien os he dado buenas referencias, pero normalmente no miro la tele o la miro pensando en mis cosas. Ahora, revisando versiones de la "meravigliosa creatura", he descubierto uno de los, para mi gusto, más bellos artística y estéticamente hablando.

En tan sólo 30 segundos admirad la belleza del (anuncio del) Fiat Bravo, esa meravigliosa creatura...

" target="_blank">Fiat Bravo, Meravigliosa Creatura

 


   Una Criatura Maravillosa
[17/09/2007 6:12 pm]

A estas alturas habréis visto el anuncio del nuevo Fiat Bravo 2007..., claro, supongo que sí y, como a mí, os habrá llamado la atención, a lo mejor no tanto por el coche, si no estáis pensando en compraros uno, pero seguro que la voz femenina, pasional y desgarrada que hace referencia cantando a una "meravigliosa creatura" os ha dejado subyugados y más de uno se pregunta a quién pertenece.

Bueno, quizás llego tarde y ya muchos habéis investigado por vuestra cuenta o, incluso, puede que ya conociérais a la propietaria de la voz, que dicho sea de paso, es una veterana artista del rock italiana, como su nombre hace suponer, Gianna Nannini (con un montón de ns).

Nacida en Siena el 14 de junio de 1956 (dato que añado para aquellos aficionados al horóscopo astrológico), no sólo interpreta sino que también compone y toca el piano.

Aunque su comienzo discográfico data de 1976, saltó a la fama en Europa a mediados de los 80s con una carrera en el mundo del rock que le valió algunos premios importantes. En 1994 se licenció en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Siena obteniendo la nota más alta de su promoción. Y también es de destacar su iniciativa en un acto de protesta a nivel político y social llevado a cabo en un balcón del Palacio Farnesse, sede de la embajada francesa, donde organizó un concierto en contra de los experimentos nucleares que el gobierno francés llevó a cabo en el atolón de Mururoa. Como dato curioso para los aficionados al automovilismo diré que es hermana de Alessandro Nannini, expiloto de Fórmula 1.

En su web oficial GIANNA NANNINI podréis conocerla mucho mejor.

Ahora, si os apetece escuchar la canción del anuncio íntegra y visualizar las imágenes protagonizadas por esa extraña y "meravigliosa creatura" no tenéis más que clickar en el start del vídeo que os muestro a continuación

" target="_blank">Gianna Nannini, Meravigliosa Creatura 

 


   El Final
[09/09/2007 4:50 pm]

Hoy comprendo la razón que me lleva al desengaño

y no es la de hacernos daño

sino la de no encontrarnos.

Hoy me siento en un vacío

en un infinito abismo

en un grande sinsentido

en un témpano de hielo

donde sólo encuentro el frío.

Hoy ya se acabó el amor, el que tuvimos antaño

y no por hacernos daño

sino por el no encontrarnos

en un espacio vital

que se ensancha a nuestro paso

que se convierte en inmenso

que se transforma en fracaso.

Más allá de la razón hemos llegado al ocaso

Mejor es no hacernos daño

no intentemos encontrarnos.

Nuestras almas distanciadas

solas siguen su camino

rumbo hacia la eternidad

sin conocer su destino

sin saber qué les aguarda

sin brújula, sin bastón, sin guía y sin lazarillo

sin un alma acompañante

que iluminar el camino.

Solos nos hemos quedado

solos como en un principio

así debemos continuar

por los siglos de los siglos.

Hoy comprendo la razón que nos lleva al desengaño

y no es la de hacernos daño

sino la de que esto acabó.

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   Exodo
[08/09/2007 5:15 pm]
...Más allá de la razón se cometen crímenes contra la humanidad...La ambición y el poder humanos no tiene límite. Se vulnera de forma insostenible la fragilidad del más débil. Se trata a los hermanos no ya como animales sino como desechos, como objetos inservibles....


Nos encontramos en el teatro Vrachon de Atenas. Transcurre el año 1995 del pasado siglo XX. Vemos arder el fuego en lo alto de una antorcha. Nuestra mente nos transporta al ambiente sagrado de los templos griegos donde moran sus divinidades.

Como una virgen, como una diosa, como una Hestia griega, con su etéreo cuerpo de sílfide cubierto por una sencilla túnica en un blanco impoluto que ondea movida por la suave brisa al tiempo que lo hace su abundante cabellera leonina, aparece en el escenario Eleftheria Arvanitaki al son de los primeros acordes, provenientes del oud de Ara Dinkjian, del tema que a continuación va a interpretar, Meno Ektos.

Eleftheria saluda al público, agradece su presencia y presenta a los músicos que la acompañan, encabezados por Dinkjian, músico armenio, autor de la música de Meno Ektos, cuya letra fue escrita por Lina Nikolakopoulos, y Arto Tunçboyaciyam, turco de origen armenio del que ya os he hablado en alguna ocasión en mi SistemaSolar, que se encarga de dar vida a la percusión.

Con un ritmo de marcha, lento, pesado, nostálgico, melancólico, esta preciosa canción, Meno Ektos (Permanecer fuera, o algo así, es su significado) hace referencia al éxodo masivo, a la deportación que sufrieron miles de armenios que vivían en tierras otomanas y quedaron sin hogar, sin bienes, sin dignidad y, muchos de ellos, sin vida en lo que fue un verdadero holocausto, un genocidio de un pueblo que quedó sin patria en el año 1915.

Este tema, capaz de tocar el alma del más insensible, escuchado en la cristalina y límpida voz de la griega Eleftheria, pone el vello de punta si se escucha con atención y recogimiento. Espero que os guste.

Advertencia: este vídeo no está permitido colgarlo en ninguna otra página diferente de You Tube. Os proporciono el enlace para que podáis visualizarlo pero, sobre todo, escucharlo.

Meno Ektos


   Ensueño chinesco
[04/09/2007 5:32 pm]

Tal vez hayáis acabado vuestra jornada laboral y hayáis llegado cansados a casa. Tal vez un poco hartos de la rutina diaria. Tal vez los problemas os abrumen. Tal vez ya no soportéis la vista de los mismos rostros cada día, las estridentes voces de los compañeros en la oficina, el malhumor que vuestro jefe deja caer sobre vuestros inocentes y sensibles oídos. Tal vez el ruido de la ciudad, el humo carbónico de la maquinaria y de los vehículos. La prisa, los apretones, los empujones, la rabia, el malhumor...Todo ello se mezcla en la batidora que es vuestra humana cabeza; frágil, vulnerable, indefensa; al borde del estallido.

Es el momento de soñar, de transportaros a exóticos y lejanos lugares donde los rostros son diferentes, donde la música acaricia nuestros oídos, donde las personas son silenciosas, donde el cuerpo humano, más allá de sus cotidianos gestos, de sus rutinarios y bastos movimientos, se convierte mágicamente en un hermoso objeto artístico, en un ente capaz de crear los más bellos, los más sutiles, los más rítmicos y los más estéticos movimientos, y de conducirnos a un estado de relajación, de ensoñación, a una ilusión que nos hará sentirnos inmersos en un mundo onírico del que no querremos despertar.

Danza tradicional china" target="_blank">


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   Ver lo invisible y Conocer lo desconocido
[24/08/2007 7:59 pm]

 Transcurría el año 1899. En la ciudad de Buenos Aires nacía tal día como hoy, 24 de agosto, casi recién ingresado el Sol en la constelación de Virgo, el escritor argentino y universal, uno de los más importantes del siglo XX, Jorge Luis Borges.

Como muestra de mi pequeño homenaje hacia esta insigne figura he elegido un fragmento de una de sus obras, una frase suya, una fotografía,  un articulo sobre él, encontrado en la red, que me ha gustado y una facultad que lo define.

No quiero extenderme en hablar sobre Borges pues ya muchos otros lo han hecho y muchos más lo harán, tan sólo destacar una cualidad que me parece muy suya, la videncia, la facultad de ver con el tercer ojo, el ojo llamado de Shiva, el ojo de la Sabiduría. Cuanto más perdía Borges el sentido de la vista, cuanto más desgastados tenía sus ojos, a causa de una ceguera progresiva heredada de su padre, más desarrollado tenía su sentido de la clarividencia...Al dejar de ver el mundo físico que le rodeaba, Borges podía ver más allá, ya había abierto su tercer ojo. Borges tenía la facultad de "Ver lo invisible y conocer lo desconocido" (frase que hace referencia en el terreno esotérico al tercer ojo).

 ...

 
Tal vez esta percepción, más allá de lo puramente físico, le permitiera, estando enamorado, que es cuando más ciego se encuentra uno, decir esta frase con convencimiento: "Uno está enamorado cuando se da cuenta de que una persona es única".

 ...

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Si he elegido esta fotografía, en la que vemos a Borges en el hall de un hotel, parado en el centro de un dibujo geométrico representado en el suelo, es porque semeja el iris de un hojo humano y el mismo Borges parece como emerger de él.

 ...

 
El fragmento elegido es de su cuento "El Aleph"

" En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. "

...

Y por último os remito a Borges y la Biblioteca Infinita, artículo de Roderick Guzmán Meza escrito para Herejías y Silencios en Periodista Digital. Me ha gustado su visión de la figura de Borges, el aspecto tratado, su enlazamiento con la realidad actual, que no hace sino confirmar sus dotes proféticas o visionarias y la forma de destacar esa cualidad de ver más allá de lo que uno tiene delante de sus ojos. Y todo ello plasmado con maestría, con gusto, con conocimiento de causa, saboreando el personaje ilustre de la literatura, el gran maestro que fue Jorge Luis Borges.