La autora de este blog es artista plástica, profesora de dibujo, diseñadora de moda y amante de las letras y las artes y de toda manifestación creativa.
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En un rato de arrebato recordé que te quería viendo tu fotografía ahí junto a mi retrato. Y es que ya ni me acordaba de tu presencia, mi vida tanto ha que no te veo... de ti me olvidé, vida mía. Anoche no sé si viniste a dormir junto a mi vera o dormiste junto a otra hasta que se amaneciera. Y es que te tengo olvidao como si ya no existieras como si otra mujer el seso te reabsorviera. Pero yo aquí tan tranquila sigo mi vida tan fresca aunque tú ya no me quieras yo toco mis castañuelas. Junto a mi vera no estás presiento que no me quieres y si viene otro galán tendrás lo que te mereces. ¡Ay cielo infinito, cielo! donde abundan las estrellas ¿dónde anda mi maridito? ¿con qué fulana se acuesta? Presiento que lo he perdío que ya conmigo no vuelve tiraré mi anillo al río este hombre no me quiere. Con sangre lo ha de pagar por jugar así conmigo y un veneno he de tomar pa vengarme de mi marío. Este sufrir que me causa cargaré yo en su conciencia y ya no podrá vivir castigao por mi ausencia. Porque cuando nos casamos dijo que era para siempre en salud y enfermedad y ahora resulta que miente. ¡Pero qué dolor tan grande! mi gozo se cayó a un pozo más ahora así podré salir con otros galanes... Y así envuelta en mi penuria me vengué de mi marío me lié la manta a la cabeza y ahora estoy con otro individuo. Postal costumbrista andaluza de principios del siglo XX
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Un sol abrasador de sólo primavera. El asfalto reluce y quema. He atado mi bici a una farola, cuando regreso el sillín está ardiendo pero el día es alegre y mi corazón está triste. Un perro negro tira de su dueño, éste acelera su paso tras de él. Es divertido verles correr, me he cruzado con ellos mientras sonrío ¡qué día tan alegre! ¡qué triste mi corazón! Doy un paseo por el puerto, el mar reluce. Sobre su superficie verde azulada titilan miles de estrellas doradas. Se huele a mar, a pescado, a yodo, a salitre, a barcos. Es un alegre día de primavera pero mi corazón sigue triste. Lo paso bien, tomo una cerveza fresca y una fritura de pescado, el sol calienta. El sillín de mi bici arde, me voy de tiendas. El día continúa alegre pero mi corazón sigue triste. Alegre la ropa veraniega me sale al encuentro. Los colores del sol, del mar, del viento, los de la tierra, los de los árboles, las flores y las rayas de marinero ¡Qué primavera más alegre! ¡Qué tristeza en mi corazón! Quisiera acaparar el mar con mis brazos, saltar a cubierta en ese barco, pero no es mío, quedarme con todos los rayos del sol para mí sola, permanecer en el puerto para siempre. ¡Qué día tan alegre! ¡Qué triste mi corazón! Regreso a casa cansada. Mi ropa húmeda por el sudor, pedaleando bajo el sol abrasador. Me despido del mar, le prometo volver. Ha sido un alegre día primaveral pero mi corazón sigue igual de triste. Me siento ante el ordenador, todo sigue igual que ayer. Descanso un rato, quiero escribir un nuevo poema, un poema alegre de primavera que nace de un corazón triste. Barcos de Papel-Benicassim
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De madrugada, el otro día, haciendo zapping para matar el tiempo de la espera del comienzo de la retransmisión del debut formulaunero de este año, cuya competición por la clasificación en la carrera del día siguiente, domingo, se celebraba a las 4 am, hora española, tropecé, en la 2, con una película que acababa de empezar. Una antiguo western de serie B de esos de fuertes con militares yankees uniformados de azul marino en constante lucha con los apaches, en este caso kiowas que, de vez en cuando, se entretienen en atacar a los ocupantes del fuerte.
Años ha que no veía una película de estas, pero, casualidades de la vida, acababa de leer en Internet, en el blog de mi amigo Guzmán Meza, Herejías y Silencios, un maravilloso y bien contado relato bélico sobre el legendario general Custer y el no menos famoso guerrero indio, Caballo Loco, y llevaba ya dentro el gusanillo de este género. Así que, haciendo un esfuerzo por mantener mis párpados levantados me acomodé en el sofá para ver el film.
Residía en dicho fuerte una joven y bella pelirroja que, al parecer, había quedado viuda al fallecer, supuestamente, su heróico marido, en lucha contra los pielesrojas. Esta mujer era blanco del continuo asedio por parte de los soldados que, con fines matrimoniales, veían en ella una mina por explotar y, bueno, digamos que ella, con un cierto aire de coquetería femenina, "se dejaba querer", aunque parecía empecinada en mantener su estatus de viuda.
Como quiera que el coronel del fuerte fuera ya un hombre entradito en años, que se deshacía en agasajos paternales y protectores hacia la "indefensa" esposa viuda del héroe, pero que no contaba ya con muchas fuerzas ni muchos hombres capaces de una lucha efectiva para acabar con la "invasión" de los indios kiowas, un día recibe la visita de un oficial del ejército, enviado por el gobierno, con una misión especial, el cual no ha de someterse a las órdenes del rango superior en el fuerte, sino que deberá llevar a cabo la misión que le ha sido encomendada independientemente de la vida militar propia del fuerte.
Por mucho que le sepa a cuerno quemado esa misión que vulnera su capacidad como jefe máximo en ese lugar, el anciano militar tiene que tragar su orgullo y aceptar las novedades que se le presentan. Sin embargo la pelirroja viuda parece que ve en esa nueva presencia un objetivo particular. El nuevo soldado agregado (no se puede eludir) es apuesto, elegante, culto, serio y parece que tiene grandes dotes de mando y de convencimiento verbal. En su primer encuentro, durante la celebración de un baile, surge el flechazo.
Sin embargo, a pesar de la evidencia de que ambos se gustan, ella se muestra ambigua y, cuando parece dar pie para el romance, da un paso atrás intentando preservar su condición de intocable viuda del héroe.
Entre las vicisitudes vividas por el nuevo oficial que, acompañado por un pequeño grupo de soldados que traía consigo con la finalidad de preparar para la lucha a una tribu que hace tiempo dejó las armas con la intención de vivir en paz y respeto con el hombre blanco, los semínolas, a quienes, a pesar de todo pronóstico, consiguen convencer para que les apoyen en su lucha contra los kiowas, hay tiempo para paseos nocturnos en los que dedicar unos minutos a los escarceos amorosos.
Pero los pieles rojas no cesan en su empeño de atacar y atacar a todo hombre blanco que ven pasar cerca de su territorio. Y, en una de esas contiendas, cae en manos de nuestro protagonista un sable cuyo nombre y apellidos, inscritos en su funda, coincide con los del difunto marido de la pelirroja, después de haber advertido que, entre ese grupo de indios, luchaba como uno más, un hombre blanco de identidad desconocida.
Por fin llega el día del combate final, en el que esperan ser atacados en el fuerte una vez preparados los semínolas para la guerra. Las pocas mujeres que viven en el cuartel reciben la orden de refugiarse en el polvorín, hasta que, tras la ventana, la heroína descube el peligro que las acecha pues el enemigo ha prendido fuego a un reguero de pólvora cuya trayectoria culmina en el almacén donde ellas se refugian.
Valientemente, sin pensarlo dos veces, sale exponiendo su vida y apaga la llama antes de que logre hacer explosión en su objetivo. Pero, una vez a la interperie, la pelirroja queda indefensa a merced de los pieles rojas en pleno combate. Así que, valientemente, se ve forzada a participar en la lucha, ataca al enemigo, consigue hacerse con un arma y toma su puesto en defensa de los suyos.
Es ahí donde el destino la pone cara a cara con su marido, un desertor, un traidor, cuando está a punto de matar al nuevo héroe por cuyos huesos ella se deshacía. Ni corta ni perezosa aprovecha el momento crucial para desembarazarse de un marido molesto y, con el pretexto de defender al honrado, al patriota, al justo, de un tiro se carga al traidor y salva la vida de su amado demostrándole su amor y su valentía.
Es así como la tremenda pelirroja, en plena lucha contra los pieles rojas, en una jugada maestra, mata dos pájaros de un tiro. Por fin tiene la oportunidad de enterrar a su antiguo marido y conseguir al nuevo, más guapo, más apuesto y más patriota.
Ignoro si la intención de este film era la de ensalzar al siempre bien visto y ponderado ejército de los Estados Unidos, menospreciar a los pieles rojas como representantes de una raza inferior de individuos molestos, incordiantes y belicosos, destacar las virtudes femeninas en una apuesta segura por el alegato feminista o dejarnos claro que un cónyuge es algo de quita y pon, que se tiene por pura conveniencia.
La película, por si a alguien le interesa, se tituló War Arrow, en español, Asalto al Fuerte Clark, es del año 1953, su director fue George Sherman y estuvo protagonizada por Maureen O'Hara y Jeff Chandler.
Conseguí no dormirme y llegar a su final. Pasé a tele 5 y comprobé que, en pocos minutos daba comienzo la clasificación. Bueno, este sí que fue el verdadero combate, por la "pole", la verdadera lucha por la supervivencia del hombre blanco o la auténtica "merienda de negros". Las balas de plata se impusieron, las flechas rojas decepcionaron, el campeón y el excampeón gustaron su mala suerte y el hombre negro se llevó consigo la "pole position". Acabé dormida en el sofá. 
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Después de algún tiempo ausente, recién comenzada la Cuaresma del presente año 2008, recién vividos esos días de asueto y diversión que nos proporciona el Carnaval, vuelvo, aunque ya no podré hacerlo con tanta asiduidad, a traer más ideas, más curiosidades, más música, más historias y más elementos artísticos a este Sistema Solar que continuamente se renueva en un ciclo vital donde de todo se puede encontrar. "Polvo eres y en polvo te convertirás". Más de uno ayer escuchó esta frase cuando acudió a la Iglesia para serle impuesta sobre su frente la ceniza, ese elemento polvoriento y un tanto desagradable que nos recuerda la penitencia y la muerte, la caducidad, la terminación, la consumición de algo, en un ritual que celebra tradicionalmente la Iglesia Católica así como la Anglicana y la Protestante, en el llamado Miércoles de Ceniza.
Un tanto contradictoria se nos muestra esta frase: si ya somos polvo ¿para qué nos vamos a convertir en más polvo?. Y es que quizás esta máxima hace referencia a la fragilidad del cuerpo, a lo débil y caduco de su naturaleza; a que moriremos y nuestro cuerpo será sólo polvo y antes de ser creados, igualmente éramos polvo. Polvo de arcilla, tal vez, de la cual Dios hizo barro con unas gotas de saliva divina y, como un gran alfarero, un gran escultor, dio forma al ser más extraordinario, más raro, más complejo de su creación. O tal vez polvo cósmico que, a través de esa gran explosión del universo conocida con el nombre de Big Bang, diera origen al planeta Tierra, en el que habitamos, una tierra que también está compuesta de moléculas que forman el polvo y nosotros, como habitantes de ella, tomamos parte de esa materia que la constituye.
Y esto en sí da una idea de la transmutación. De la energía, de la materia que no se crea ni se destruye sino que se transforma. La transmutación no es más que ese milagro al que llamamos Resurrección. La resurección no es más que la conversión de muerte en vida. Y es que la vida no se refiere sólo a esta que conocemos, dentro de nuestro frágil cuerpo, vulnerable al cien por cien, imperfecto, sometido a las leyes del envejecimiento y horadado continuamente por la enfermedad. Para resucitar primero hay que morir, pero para morir primero hay que vivir y para vivir primero hay que nacer, de una semilla, de algo tan simple como una molecula de polvo.
En efecto, nos damos cuenta de que la palabra "polvo" tanto hace referencia a la vida como a la muerte; a un estado primigenio, elemental, como a la culminación, a la consunción de la materia. Y es que ese polvo compuesto de ceniza, esa ceniza que nos aplican en la frente como recordatorio de lo que somos, es muerte, es restos de materia destruída, de palmas, de ramas de árboles que un día sirvieron para conmemorar la Resurrección, el paso de la muerte a la vida. Pero también es vida porque contiene elementos que no se destruyen por el fuego, pero que el fuego, sin embargo ha purificado, y que son principio de vida, moléculas de sales minerales, como el magnesio, el potasio y el calcio; sales minerales esenciales para la vida.
Tal vez por eso solemos decir "estoy hecho polvo", cuando nos sentimos acabados, extenuados, tanto en un sentido físico como anímico. Tal vez por eso también digamos "echar un polvo", y es que si echamos un polvo bien echado (sin condón), estamos contribuyendo a crear vida...Uuummmmm ¿Será por eso que nos dicen que venimos del polvo?
Bueno, bromas aparte, lo cierto es que con esto de la ceniza ha empezado la Cuaresma e, irremediablemente, ha tenido fin el Carnaval. Y es que, como Adán y Eva, el día y la noche, la vida y la muerte, el Gordo y el Flaco, Tristán e Isolda, Isabel y Fernando, Bonny & Clyde, ...el yin y el yang, la Cuaresma y el Carnaval siempre van juntos y, aunque con significados distintos, contrarios; de expansión, divertimento, culto al placer en el Carnaval, y meditación, penitencia, sacrificio en la Cuaresma, los dos vienen a recordarnos lo mismo: "Polvo eres y en polvo te convertirás". 
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Que la fibromialgia es una enfermedad compleja, ambigua y paradójica lo sabemos muy bien las personas que, como yo, la padecemos. Que no es una enfermedad mortal, ni siquiera degenerativa (al menos en sí misma, aunque a veces puede contribuir de forma indirecta a dañar algunos órganos) también lo sabemos. Pero que nos vaya matando callada, lenta y diariamente, también lo sabemos..., aunque, a pesar de lo contradictorio que pueda parecer, a veces nos da la vida. La fibromialgia nos quita algunas amistades, pero nos regala otras y nos permite reconocer las verdaderas, nos impide o nos restringe el poder realizar ciertas aficiones, pero nos concede la oportunidad para aprender o practicar otras, nos aleja de ciertos círculos sociales pero nos acerca a otros, nos limita nuestras actividades pero nos concede bien merecidos descansos. Cuando el dolor nos lo hace pasar mal, cuando nos ahogamos mirando el incierto futuro que nos espera, a los pacientes y a los suyos, a nuestras familias, a los que, en cierto modo dependen de nosotros, y, en medio de esa incertidumbre, de ese dolor, de ese malestar, nos encontramos con el regalo de una tregua (no es que se vaya el dolor, es que disminuye, te encuentras mejor, lo tienes pero casi no lo notas, no porque sea muy leve, es, sencillamente, porque te has acostumbrado a él), entonces te encuentras con las ganas de vivir y valoras el doble lo que te rodea, cualquier cosa, lo bueno y lo malo, el día gris y el día soleado, poder salir de casa, poder andar con menos dolor que otros días, poder hacer algo que nos guste mucho, o también quedarte en casa y no hacer nada, simplemente disfrutar notando nuestro cuerpo un poco aliviado. El otro día llegó a mi correo (recibo siempre de Google las noticias relacionadas con la Fibromialgia) la siguiente carta, titulada Morir de a poco de la web Territorio Digital. com, en su sección Espacio Público del día 14-11-2007 y confieso que me emocionó. No la voy a comentar, no adelanto nada sobre ella, prefiero que la leáis. Venus de Milo
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(Dedicado a alguien... ) Cuando te quiero tener no te tengo cuando te busco no te hallo hoy te echo de mi lado hoy a mi lado no te quiero Te he borrado de mi vista de ti no quiero ya saber nada a veces me gusta ser mala y quisiera ser más lista De mi cariño te has burlado con premeditación y alebosía y sabiendo cómo te quería mi amor has desperdiciado Vete de mi lado y no vuelvas ya no quiero estar contigo ni tomar una copa de vino con quien así me desprecia Cuando te quiero no tener te tengo cuando busco soledad te hallo hoy te echo de mi lado hoy a mi lado no te quiero. Fotografía de Man Ray
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¿Qué es más difícil, que Ferando Alonso conserve su título de campeón o que nuestro actual gobierno socialista consiga implantar en la enseñanza la impartición de la asignatura Educación para la Ciudadanía? Desde Caín y Abel todo se convierte en una lucha por el poder, por la primacía, en una competición, en un "quítate tú pa ponerme yo" en este valle de lágrimas que es el mundo. Somos capaces de luchar por lo que sea, por lo más nimio, por lo más absurdo, por lo más remoto e inimaginable, cuando más por aquello que nos parece determinará nuestro futuro, nuestra cotidianidad, nuestro valor humano, nuestra vida y también nuestra muerte. Hacemos de la vida diaria un campo de batalla, y de la política un deporte y del deporte una política. Asisto con preplejidad a la contemplación, no niego que con un espíritu algo exaltado y cierto grado de ansiedad, de las diatribas, enfrentamientos y discursos encontrados entre los partidarios de uno u otro partido político, de uno u otro líder político, así como entre los partidarios de uno u otro aspirante a campeón en un deporte que se ha convertido en casi ya el mayor "arrastrador" de masas, si es posible que haya superado al fútbol, me refiero a la Fórmula 1. Y es así cómo las jugadas políticas, seguidas, vitoreadas o abucheadas, en su caso, por los incondicionales seguidores, partidarios, partidistas y "fans", crean en el público un afán de "ganador" que le hace pasar no sólo por encima de la ideología del contrario, sino también de su honor, de sus derechos, de su libertad... e incluso de la propia inteligencia y raciocinio. Es decir, nos volvemos seres anodinos, aborregados, no pensantes..., nos dejamos llevar de algún absurdo sacado de contexto por algún bruto radical y, sin documentarnos, instruirnos, investigar la verdad, investigar las verdaderas razones, la causa primordial, el valor y la utilidad para la sociedad, para la pacífica convivencia ciudadana, nos dejamos llevar por esa parte, sacada de contexto, en detrimento de un todo, en una postura infantil, rebelde y obstinada, e infundada, prejuiciosa y beligerante. Y esto que acabo de alegar en el párrafo anterior era referido a la política, pero casi no tendría que cambiar ninguna palabra para que me sirviera en cuanto a la F1. Y si analizo la postura de los incondicionales seguidores de Fernando Alonso y de los de Lewis Hamilton, la política que hay detrás de este campeonato, el negocio millonario oculto tras el escenario de la sana competitividad, del puro interés deportivo; los intereses creados, el esfuerzo por derrivar al rival fuera del escenario, por desprestigiarlo..., no puedo por menos que compararlo con el conflicto suscitado entre la intención por parte de nuestro gobierno socialista de introducir como obligatoria una asignatura pensada para el consenso, el orden ciudadano, la buena convivencia, la tolerancia, la aceptación entre unos y otros, la valoración del prójimo y la nuestra propia, y la objeción, la lucha sin tregua, el desprestigio y la infravaloración por parte de los que se oponen radicalmente a aceptar la impartición en los colegios de la llamada "Educación para la Ciudadanía". Es una lástima que ocurra esto en nuestro país, que llevemos las "orejeras" puestas, que no seamos capaces de mirar a los lados, de ver un panorama más amplio, de volver la cabeza y ver a quien tenemos detrás, de considerar al prójimo como a nosotros mismos (lo digo sin ánimo de adoctrinar, pero interpréteseme como se quiera). Que nuestro único interés sea salirnos cada uno con la nuestra. Se le han puesto a Fernando, nuestro campeón, nuestro representante nacional en este deporte automovilístico, las cosas muy difíciles en este Mundial 2007...A día de hoy, a falta de unas horas para la carrera definitiva, con el cuarto puesto en la parrilla de salida ¿quién piensa ya que no perderá su título? Bueno..., siempre queda la esperanza, ya se sabe que es lo último que se pierde. ...Y la EpC, ¿se conseguirá llevar a cabo su enseñanza en los colegios o está ya destinada al fracaso más absoluto?...A más de un padre o madre, a más de un adulto le haría falta su aprendizaje y posterior examen de evaluación. Por cierto..., ¿no vamos nunca a dejar de hablarnos despectivamente unos a otros, utilizando un vocabulario soez, obscenas interjecciones y desprestigio del opositor? (De nuevo no hay intención de adoctrinamiento, es una simple observación) ...Sinceramente pienso que el fracaso de tanta ley de educación, de tanto joven maleducado, inculto, no preparado..., en nuestro país, la tiene la falta de consenso, de respeto entre unos y otros gobiernos, entre unos y otros gobernantes, del apoyo y la colaboración para encontrar una salida que favorezca a todos, de no querer imponer nuestro propio criterio a costa de lo que sea y la falta de valores transmitidos por muchas familias. 
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En el día de la Hispanidad, dedico a España esta entrañable canción de Cecilia " target="_blank">Mi querida España Mi querida Españaesta España mía, esta España nuestra De tu santa siestaahora te despiertan versos de poetas¿Dónde están tus ojos?¿Dónde están tus manos?¿Dónde tu cabeza? .Mi querida Españaesta España mía esta España nuestra(bis) .Mi querida España...De las alas quietasde las vendas negras sobre carne abierta¿Quién pasó tu hambre?¿Quién bebió tu sangre?cuando estabas seca .Mi querida España...(bis) .Mi querida España...Pueblo de palabray de piel amargadulce tu promesaQuiero ser tu tierraquiero ser tu hierbacuando yo me muera. Mi querida España...(bis) Plaza de España, Sevilla
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Siempre me desagradó el futbol por lo que de deporte no tiene...Por ese poder de desatar los más bajos instintos, las más acérrimas rivalidades, las crueldades, las ambiciones desmedidas, el negocio indecente... Aficionada a la Fórmula 1 como soy me apena ver que se está convirtiendo en lo que siempre he odiado del futbol. Me apena ver que ya no hay sana competencia, que existen los favoritismos, los negocios sucios y que no importa pisar al otro y pasar por encima como si tal cosa. Y para qué voy a decir en qué se han convertido algunos "aficionados" y lo entrecomillo porque tal vez no sean aficionados a la F1 sino a la eterna polémica y discusión más allá de las fronteras propias del deporte. Me horroriza entrar en los foros y secciones de comentarios de los blogs que hablan sobre este deporte porque en ellos encuentro de todo menos deportividad la mayoría de las veces. Me llama la atención cómo en páginas donde se pide y se advierte la abstención de utilizar insultos, palabras soeces y alusiones de tipo sexual, precisamente sea este tipo de comentarios los que primen. Y me asombra ver como en comentarios de días previos a la celebración de un gran premio hay cabida para los ánimos y buenos deseos aunque asome la normal rivalidad latente, pero que, después de la carrera, en la que un campeón ha tenido mala suerte, prevalezca el ensañamiento contra él, los insultos, las alusiones soeces a su vida privada, las más crueles ridiculizaciones... y el intercambio de comentarios se convierta en una batalla campal entre alusiones personales, regionales o nacionales ofensivas y vergonzosas, dejando a un lado el asunto que es o debería ser el tema del debate. Me pregunto dónde están los verdaderos seguidores de Fernando Alonso, he visto muy pocos hoy en estos debates. ¿Son los que heridos en su honor y en su orgullo se defienden arremetiendo contra el "enemigo" a costa de cualquier precio?, ¿son los que ahora se avergüenzan de Fernando y no le perdonan una jornada de mala suerte porque los ha dejado en mal lugar?. ¿son los que no se atreven a salir y dar la cara porque no conciben que Alonso, si es un verdadero campeón, haya tenido un fallo tan grande que le haya obligado a abandonar antes de llegar a meta poniendo así en grave peligro la opción al título?... Esta mañana los aficionados a la F1 en España hemos madrugado más de lo acostumbrado para una jornada de domingo. Teníamos una cita importante en el circuito japonés de Fuji. Grandes esperanzas puestas en nuestro bicampeón. Cierto rencor y desazón porque vemos que este año las cosas no están yendo bien para Fernando, que ha visto sus ilusiones de superación, de mejorar sus posibilidades como piloto al formar parte de la que supuestamente hoy día es la escudería más potente y competitiva junto con la de Ferrari, truncadas al ser víctima de lo que a mi juicio ha sido una utilización de su persona, de su estatus como bicampeón, de sus cualidades y experiencia, para resaltar el "producto de marcketing" que el jefe de McLaren tenía intención de lanzar al estrellato de la F1 y convertir en el nuevo campeón. Y, para qué negarlo, un odio no disimulado contra el "niño mimado" que injustamente va camino de arrebatarle su título a Fernando. Fernando Alonso, como humano que es, tiene sus defectos como todo el mundo, es ambicioso como la mayoría, le gusta el dinero como a cualquier hijo de vecino, pero es un gran deportista que ha hecho mucho por la Fórmula 1 en España, es el campeón actual y es normal que luche por defender lo que es suyo y, si se ve envuelto en trampas y malas jugadas que le van a impedir acceder al mantenimiento de su título, lo normal es que se defienda como pueda y no se deje pisotear. Después de los últimos acontecimientos que ya conocemos sobre el asunto del espionaje, las investigaciones y posteriores sanciones de la FIA, la tensión interna en el equipo McLaren, las desavenencias, los favoritismos, el mal rollo en definitiva que reina en el interior del equipo, unido al desprestigio y la mala fama creada en la persona de Fernando Alonso, éste ha salido a por todas, con ilusión, con esperanza, con deportividad, a correr en el circuito de Fuji. Los aficionados hemos cantado estos días, mal, por supuesto, para que lloviera y cuanto más mejor. El cielo nos ha concedido ese capricho, pero a Fernando Alonso la lluvia le ha jugado una mala pasada. Después del madrugón, del ánimo bajo de esas horas en la que en España aún no asomaba el sol, hemos visto amanecer con los ánimos más por los suelos todavía. Nuestro campeón ha tenido mala suerte. El elemento que pensábamos le iba a favorecer, pues ha demostrado ya otras veces cómo corre un verdadero campeón sobre el asfalto mojado, se ha tornado en enemigo jugándole una mala pasada. Después de las vicisitudes e inconvenientes causados para todos los pilotos en un circuito sin visibilidad, en el que la carrera ha tenido un comienzo de lo más inusual, absurdo y aburrido, Fernando ha sufrido desperfectos en su bólido en un enganchón con otro de los participantes por lo que, su coche, dañado, no ha respondido como él necesitaba, no sólo impidiéndole ganar posiciones sino conduciéndole a un desafortunado acquaplaning que ha destrozado su vehículo obligándole a abandonar. Pero éstas son cosas que le pueden pasar a cualquiera; a un campeón, por supuesto, también. La mala noticia es que Fernando tiene ya bastante agotadas las posibilidades de renovar su título. La buena, que Alonso no ha sufrido daños personales y seguirá optando por el título. Unas veces se gana y otras se pierde, y no pasa nada, así es la vida. Desde aquí le deseamos suerte a Fernando y ánimo a los aficionados de la Fórmula 1, y el deseo de que entre todos mantengamos viva la deportividad. 
Circuito de Fuji, vista aérea
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Aquel día pasaba deprisa y yo tenía mucha prisa por llegar a la estación. Miles de personas caminaban, como una manada, arrasándolo "to". Mientras más mi paso aceleraba, más rápido el tiempo pasaba. Mientras más que correr volaba, más se me aceleraba el corazón. Pisando fuerte a cada paso que daba, tragando acera, bebiendo calzada. Tropezando con la gente, apretando los dientes...Cuando de repente, se parte un tacón. Cojeando y como pude la terminé de arreglar, calle abajo, río arriba, me entran ganas de mear. La gotita se me escapa, las piernas he de apretar...Con una más larga que la otra, imposible caminar. Imaginen ustedes mi postura...la pierna corta delante, la pierna larga, detrás, los dos muslos apretados y una, intentando andar. En lugar de adelantar los pies uno tras de otro, los dos iban a la par. Como empujoncitos al de delante, iba dándole el de atrás. Aún quedaba mucho trecho y yo me lo había tomado a pecho. Mi honor quedaría maltrecho, ni yo misma me volvería a hablar... Este asunto no tiene vuelta de hoja, yo el tren debería tomar. Cuando por fin alcancé el punto exacto, el ritmo certero en mi nuevo caminar... la segunda gotita de pis, sin querer, se me viene a escapar. Ni un solo retrete, ni un bar, ni una estación de servicio..., nadie que me pudiera auxiliar. No había más remedio que apretar y apretar... y, aun por encima de mi cadáver, a la estación tenía que llegar. Un sudor frío me recorría la frente. Un par de manchas oscuras, mi blusa se ofrecieron a decorar, bien extendidas por el sobaco, mientras yo veo un banco donde poderme sentar. Oh perdición!, si me siento, a la estación no podré llegar a tiempo. Con un suspiro del alma, me veo obligada a dejar el banco pasar. Cuando de repente, sin poderlo evitar, la tercera gota se escapa...Es que ya no podía más! Valor! Honor! En la guerra se perdió más. Dáte ánimo, muchacha, a la estación pronto has de llegar! Y yo, con la frente muy alta, intento seguir caminando, en líquidos rebosando, pero a punto de llegar. Entre traspiés y empujones, entre insultos y acelerones, por fin llegué, por cojones! Satisfecha de mi hazaña y sin parar un momento, casi al vuelo pregunté qué vía debía escoger. Mientras, con el otro pie, mi cuerpo quería llegar, al servicio "pa" mear. Y así, dividido el cuerpo, entre la prisa y las ganas, entre el tren y el "uvecé", entre mi honor y mi rabia, pude ver como partía el tren, que no me esperaba, y mientras, yo allí parada con ese gran desnivel... con mi estatura quebrada, con un tacón olvidado, con el alma por los pies... sobre un gran charco de agua..., bueno, de agua..., ustedes ya imaginarán de qué. 
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No quería que os perdiérais la escena final en Angkor Wat, Camboya, una maravilla arquitectónica, un tesoro arqueológico, un gigantesco templo dedicado al dios hindú Vishnu. Es una preciosidad que no está incluída en el vídeo del post anterior. La música pertenece a "Angkor Wat theme finale" de Michael Galasso. Disfrutad contemplando y escuhando " target="_blank">Angkor Wat theme finale
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Nos encontramos en la China de 1962...Los dos protagonistas de la historia, un hombre y una mujer, viven un amor imposible, narrado de una forma bellísima y novedosa en una película realizada en el año 2000. Un producto artístico de calidad, cuidado al máximo hasta el mínimo detalle. Un film que sobresale como una verdadera obra de arte en cualquiera de los aspectos de su tratamiento: puesta en escena, montaje, fotografía, ambientación, interpretación, vestuario, dirección, música... De momento no puedo ofreceros más que unas escenas encontradas en un vídeo de YouTube en un bello montaje acompañado por la preciosa música de Shigeru Umebayasi, pero creo que vale la pena prestarles atención. Aunque, si tenéis ocasión de ver la película no os la perdáis. La película, cuyo título en español es Deseando Amar y si estuviera literalmente traducido del chino sería La Magnificencia de los Años pasa como las Flores, obtuvo premio al mejor actor, Tony Leung Chiu-Wai en el Festival de Cannes del año 2000, Screan International Award también en 2000, de los Premios Europeos de Cine, y el César a la Mejor Película Extranjera en 2001. Es más conocida por su título en inglés, In the Mood for Love. Os dejo con las escenas prometidas, aunque podéis chequear en YouTube varias composiciones sobre este film a cuál más bella.
" target="_blank">In the Mood for Love
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Ayer tuve una visita inesperada..., no, no fue en mi blog, tampoco fue la de ninguna amiga de la infancia, no, fue una paloma. Sí, una paloma gris se acercó volando hasta la ventana de mi cuarto, se posó en el alféizar y se quedó más de una hora a descansar, desde la caída del sol del atardecer hasta que se hizo completamente de noche. Me extrañó, pues era la primera vez que recibía una visita así. Me acerqué con sigilo para darle la bienvenida, esperando no ahuyentarla; nunca se sabe qué clase de mensajes puede traer una de estas visitas inesperadas, qué clase de augurio, qué novedad a mi vida...La saludé y le hablé como si de mi sobrina Paloma se tratase. Entonces me apercibí de la belleza de su nombre. La paloma, en lugar de huir alzando su vuelo, me miró como si esperara encontrarse conmigo, como si hubiera sabido de antemano a quién había ido a visitar. Enseguida pensé que podría tratarse de un buen augurio, de un augurio de paz, la paloma es su símbolo. Pero recapacité y tuve la apreciación de que la paloma que simboliza la paz se la suele representar blanca, y ésta, era gris. La tarde era gris. Mi momento era gris y su mirada era triste. A pesar de que un influjo positivo trajo a mi vida en ese gris momento, en lugar de paz más bien me creó un poco de desasosiego. No entendía el porqué de su visita, por qué había elegido mi ventana de un noveno piso, el más elevado del edificio, para hacer un descanso en su volátil recorrido, un descanso que a mí se me antojaba ya demasiado largo. A ratos entraba en mi habitación para continuar la tarea que llevaba entre manos y, a ratos, salía a la ventana para no ser descortés con mi inesperada visitante. Volvía a hablarle, le interrogaba por su situación, por su estancia en mi ventana, por si se encontraba herida, enferma o cansada, pues no entendía el motivo de no reemprender su vuelo. Ella me miraba como reconociendo mis palabras, como si, en lugar de una aventura esporádica, se hubiera pasado media vida haciéndome visitas y posándose en esa ventana. Pero no decía nada (claro). Pero tampoco parecía tener prisa por irse. Fue entonces, cuando al encenderse las farolas de la calle y asomar en el oscuro espacio infinito los primeros fulgores de las estrellas, pude apreciar, aparte de sus dos tonalidades de gris, unos reflejos opalinos en su cuello, que brillaban en unas tonalidades entre el rosa o el malva y el verde esmeralda. Y me admiré de la gran belleza de ese animal de la creación, de esa ave, cuya sencilla forma corporal ya había atraído mi atención desde hacía muchos años. Me recordé entonces a mí misma sentada en la escalinata de una plaza de Valencia, donde estudié Bellas Artes. Allí, donde era muy común que acudieran grupos de palomas como a toda buena plaza que se precie, había unas cuantas que llamaron mi atención. Con mi blog y mi lápiz en mano, comencé a tomar apuntes, a hacer bocetos de donde luego salió la paloma que yo realmente quería representar. Una paloma que transmitiese simplicidad de formas, sencillez de líneas, pureza, en definitiva. Era la síntesis de la forma, de la línea; el acto de desembarazarse de cualquier lastre, de cualquier bagage accesorio que impidiera contemplar la forma de una paloma en estado puro, la esencia del ser paloma. Ese dibujo, tan simple como el que más, tan sencillo como el de un niño, tan depurado como el de un verdadero artista, terminé por convertirlo en una pequeña obra escultórica de yeso, blanca, como la de la paz. La única pieza que he realizado en ese material, puesto que me dediqué al dibujo y a la pintura. Recuerdo aquella paloma casi como la obra que he sentido más mía...Estuvo expuesta en la sala de exposicions del ayuntamiento de la ciudad con motivo de la exposición colectiva de fin de curso. Después de aquel evento no recuerdo su paradero. Desapareció de mi vida y de mi memoria...Tal vez la regalara a alguien a quien apreciara, espero que fuera así. Años después, llevada por el recuerdo de aquella paloma, adquirí una para modelo de dibujo para mi estudio, también de yeso, también blanca, pero ésta era muy convencional. No era como la mía, pero valía. Siempre me fascinó esa forma, esa línea, ese sencillo volumen con el que poder enseñar los artificios básicos del oficio de dibujante; pero me temo que ninguno de mis alumnos la veía como yo. Cerré el telón de mi mente, de mis recuerdos y volví mi mirada hacia la paloma que, a unos centímetros de mí, seguía devolviéndome las miradas y se mostraba como indefensa, como imposiblitada para reemprender su vuelo. Entonces me preocupé, pensé en la posibilidad de que se encontrara enferma. No tengo idea de veterinaria, me asaltó la duda de cómo poder atenderla. Pensé en darle un empujoncito para ver si podía volar, para ayudarla a continuar su camino, pero recapacité dejándome llevar por la idea de que tuviera algún impedimento para hacerlo y se esclafara sobre la acera al caer desde mi noveno piso. Entonces se me ocurrió que tal vez su permanencia en mi ventana se debiera al hambre, a que la pobre no hubiera encontrado alimento desde hacía demasiado tiempo (ignoro cada cuanto una paloma tiene necesidad de comer). Pero casi tenía la total certeza de que, enferma o no, la paloma esperaba ser invitada a alguna clase de manjar. Como no conocía sus gustos culinarios y tampoco me iba a responder, y el sentido común me encaminaba hacia algún tipo de grano o semilla, que no tenía en casa, recordé unas rosquillas de trigo que suelo comprar y que llevan multitud de semillas de sésamo incrustadas. Me pareció la invitación ideal para semejante huesped. Cogí una de esas rosquillas e ilusionada me acerqué a la ventana desmenuzándola y dejándola caer en trocitos con precaución cerca de la paloma. No había terminado de servirle lo que a mí se me antojaba un suculento manjar para ella, cuando, sin esperarlo para nada, ¡desagradecida!, alzó su vuelo despreciando mi invitación y desapareciendo rauda en el horizonte, dejando su exquisito plato preparado y, a su lado, un particular y abundante excremento. 
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Vuelvo una vez más al tema de la nostalgia, de los viejos recuerdos, de las vivencias pasadas... En nuestra mente llevamos incorporado como un reproductor de cine. Cuando lo ponemos en marcha podemos contemplar imágenes del pasado, lugares de antaño, sitios en los que nos gustaría poder volver a estar, rostros que nos gustaría volver a ver, personas a las que nos gustaría volver a abrazar, palabras que quisiéramos volver a escuchar o a leer, sensaciones que nos gustaría volver a sentir..., incluso podemos vernos a nosotros mismos como nos gustaría seguir siendo. Cada vez que decimos adiós un pedazo de nosotros mismos se nos desprende, nos rompemos en dos, nos falta algo muy nuestro. A veces es suficiente tener un sentimiento para encontrarte en tu camino con aquello que lo expresa. Hoy yo me he encontrado con esta vieja canción de Cole Porter, interpretada por la maravillosísima Annie Lennox " target="_blank">Every time we say goodbye
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Hoy los astros se apagan la luz del sol se oscurece una suave brisa fresca merodea por los campos ahí afuera, en el exterior y en el interior el frío se instala, el corazón se me hiela la luz de mi mirada se oscurece el brillo de mis ojos se apaga. Una palabra, tan sólo una palabra un interruptor que activa una palabra. La luz se enciende, la calefacción se pone en marcha. Una palabra a mi corazón habla. Las palabras hieren, las palabras matan las palabras osurecen el alma. Una palabra, tan sólo una palabra una palabra pronuncia la fórmula mágica. Una palabra enciende, una palabra apaga. Una palabra hiere, una palabra mata. Una palabra que a mi corazón habla. Mañana se encenderán los astros la luz del sol de nuevo brillará una atmósfera cálida cubrirá los campos ahí afuera, en el exterior y en el interior el calor se propaga el corazón me arde espero una nueva palabra. Fotografía Autor desconocido
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Hoy os ofrezco la posibilidad de visualizar este documental de larga duración, poco más de hora y media de metraje. Tal vez su contemplación se pueda hacer un poco pesada, quizá resulte demasiado largo, pero, sobre todo, resultará doloroso. Contiene imágenes difíciles de ver, imágenes de extrema crueldad, verdades difíciles de asimilar. Creo que son imágenes capaces de herir cualquier sensibilidad. Aunque en ellas no hay nada de ficción, representan la cruda realidad. Sin embargo su fin no es deleitarse en la crueldad, en el morbo, sino todo lo contrario. Esta película está hecha para concienciar a todos, los que saben y los que no saben, los que conocen y los que no conocen, los que quieren ver y los que no quieren ver, los que quieren saber y los que no quieren saber... Para concienciar a todos de lo que es y para concienciar a todos de lo que podría ser. Advierto a padres, tutores o educadores del contenido de mágenes crueles y desagradables que pienso deben o no mostrar a sus hijos bajo su estricta responsabilidad, aunque, a través del intento de conmover las conciencias y la sensibilidad humanas, pretende trasmitir una enseñanza de igualdad y respeto entre todas las criaturas que pueblan la Tierra. " target="_blank" title="">TERRICOLAS
Os remito a ADEA para saber más y http://blog.pucp.edu.pe/item/3566
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A veces la nostalgia, la añoranza de otro tiempo, de otro lugar, de otros rostros, de otros sonidos, se apodera de nuestra alma. Tal vez si contempláis estas imágenes, si escucháis esta suave melodía interpretada en portugués (como habéis podido comprobar en alguna ocasión no puedo negar que me gusta el idioma portugués para la canción), esta relajada música, cuyo autor es Rodrigo Leao, antiguo componente de Madre Deus, si os adentráis en este sugerente local, sintáis, como he sentido yo, la sensación de haber estado antes allí, la remembranza de haber bailado lento, muy lento bajo la media luz ambiental y de haber contemplado las teclas de ese piano hundirse una tras otra bajo los sensibles dedos de Rodrigo Leao, mientras observábais complacientes y extraños a la vez la anacrónica figura de la acordeonista que quizás os hacía interrogaros por si esa vivencia se estaba desarrollando en el mundo de lo onírico. Si es así os invito a "volver" (Voltar) a ese lugar." target="_blank">Rodrigo Leao, Voltar
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Cría cuervos y te sacarán los ojos, reza un antiguo refrán español...
No hace muchos días me sorprendió la noticia sobre un adolescente de corta edad que golpeó a su propia madre en los ojos con la hebilla metálica de un cinturón y alegó como justificación en su defensa que la razón había sido que su madre no le había planchado la camisa que el chaval tenía intención de lucir ese día.
Escucho últimamente aterrada la cantidad de casos que están proliferando de padres que se ven forzados por las circunstancias a denunciar a sus propios hijos adolescentes, pues se encuentran en verdaderas situaciones de peligro y, suelen ser las madres las que más llevan las de perder, pues, más débiles tal vez, son las que reciben mayor ensañamiento por parte de sus retoños.
Según parece a este fenómeno se le ha dado en llamar por parte de los psicólogos y sociólogos el Síndrome del Emperador.
Pero no es mi intención hablar ahora de este problema que me parece tan tremendo. Dejo a psicólogos y especialistas en pedagogía esa ardua tarea de advertir, poner sobreaviso a los padres y madres, de los errores garrafales que estamos cometiendo en la ¿educación? de nustros descendientes.
La verdad es que pretendía dedicar unas líneas a un deporte muy de moda en la actualidad en España, la Fórmula 1, deporte apasionante donde los haya, controvertido y espectacular.
Puede parecer un tanto absurdo, incoherente o confuso comenzar hablando de un problema educacional que afecta a los adolescentes y a sus progenitores cuando confieso que mi intención es hablar sobre otro tema, pero tiene su explicación lógica: el "niño mimado" del automovilismo de F1 del actual año 2007, el "emperador" de McLaren, se ha revelado contra su "padrino" y bienhechor.
En esta rabieta, en la que Hamilton se ha llegado a atrever a insultar a su benefactor, el todopoderoso jefazo Ron Dennis, mediante soeces e irrespetuosas palabras, ha cargado con las culpas, típica escena entre el hermano mayor y el pequeño (más mimado), que no tiene objeción en descargar toda la responsabilidad de su travesura, en su hermanito mayor (más veterano y paciente responsable), de tal manera que la "imparcial" y "enternecedora" FIA (la tía cercana que siempre acude en el momento oportuno a defender al sobrinito más "débil" y con "justa sabiduría" imponer un buen castigo al malévolo hermano mayor, metiéndose entre los entresijos de la convivencia famiiar) ha descargado su implacable justicia en la persona de Fernando Alonso, desproveyéndolo de una pole ganada a pulso y que le hubiera valido a buen seguro su victoria en el circuito de Hungaroring, y concediéndosela, por la gracia, al pequeño Lewis.
Tampoco pienso que le esté viniendo mal a nuestro bicampeón (el "príncipe destronado"), un poco de aprendizaje sobre humildad. Aunque, según parece, este maravilloso fichaje, anunciado con tanta antelación y entusiasmo, en la grandiosa escudería McLaren Mercedes, importante equipo para un importante campeón, donde parecía prometerle a Fernando un camino de rosas y éxitos (y no lo digo por el incondicional apoyo que, gracias a Dios, en todo momento está teniendo por su compatriota, el veterano y ecuánime Pedro de la Rosa), sino por las lógicas expectativas de ser tratado como el campeón que es, lo cual debería llenar de orgullo y satisfacción y (sabiamente) sacar el mayor provecho de su figura a la escudería McLaren, no sólo no ha dado a Fernando las satisfacciones que esperaba sino que casi le está amargando la existencia, favoreciendo el lanzamiento a su nueva "estrella" (¿previo guión?) y facilitándole en todo momento su acercamiento al puesto número 1 cuando finalice esta amarga y controvertida temporada 2007 de F1.
Pues sí, me temo que este glorioso año 2007, la fórmula 1 acabe como el rosario de la aurora...De momento la potente escudería McLaren, gracias a sus luchas intestinas, a su mal llevada gestión con sus pilotos, sus tácticas, sus poco claras actuaciones, sus desatinos...no sólo está levantando ciertas murmuraciones (en vías de investigación, unas, y otras, que probablemente también se investigarán), sino que se ha tirado piedras contra su propio tejado y, como un padre malcriador, ha recibido el ataque de esa pariente justiciera que es la FIA, recibiendo de rebote una tremenda sanción que la deja en el gran premio de Hungría sin puntuar.
Y así, sin saber ni cómo, perplejos los aficionados y los participantes, nos quedamos el pasado domingo sin entender nada de nada. En la escudería todo son malas caras (papá y mamá no se hablan, los hermanitos tampoco, el hijo predilecto ha defraudado al incondicional padre putativo...), el niño mimado gana la carrera injustamente (sólo sus compatriotas lo defienden, el papá biológico y los hermanos de sangre). Esta ha sido una amarga victoria para el equipo. Fernando Alonso, pasando por encima de la injusticia, aprendiendo a ser mayor, se ha defendido con uñas y dientes y, a pesar de tener todas las fichas en su contra (no olvidemos que se decidió su salida desde un 6º lugar cuando tenía prevista una pole position y con una carga de gasolina acorde a esa privilegiada posición), consiguió un más que honroso cuarto lugar en la llegada a meta y a punto estuvo de subir al podium, cosa que tal vez debiera agradecer a Nick Heidfeld el habérselo impedido pues le evitó verse las caras de tú a tú con su máximo detractor y compañero de equipo Lewis Hamilton.
Los hechos, para quien no los conozca, se pueden leer en cualquier página deportiva que hable sobre Fórmula 1. Escándalos se dan en todos los ámbitos públicos o privados, en cualquier deporte puede haber desavenencias, tormentas que tarde o temprano se disipan... De momento le ha tocado el turno a la fórmula 1. Una verdadera pena. No sabemos como acabará la cosa. De momento la rivalidad existente no es deportiva, la adrenalina no es descargada sólo en pista, los nervios no sólo son los propios de la sana competición, el compañerismo no reina en el equipo favorito de la temporada...¿Favorecerá esto a otros pilotos, a otros equipos?, ¿cambiará este fatídico e inesperado suceso el rumbo de la F1? ¿Se romperán contratos...?, ¿tendremos sorpresas?, ¿seguirán las "manos ayudadoras" apoyando la victoria de un nuevo campeón?...No sabemos qué nos depara el futuro de la F1, quedan unos cuantos grandes premios por disputarse. Emoción no va a faltar, competitividad tampoco, rivalidad menos, deportividad, no sabemos... Por ahora en el equipo McLaren las cosas ya no son como eran...¿Y en los demás...? ¿Estarán los jefazos haciendo planes de futuro?... 
McLaren 2007, Fórmula 1
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Hay tardes que transcurren vagamente ante la monotonía del obligado encierro que supone estar al cuidado de una persona enferma. La melancolía se apodera de nuestra alma y no hay quien se la quite de encima. Entonces sentimos nostalgia de los tranquilos días en la playa, acariciados por la suave brisa marina sobre nuestra tostada y salada piel del verano, sintiendo el placentero cosquilleo de la arena que roza nuestros pies desnudos y nos imaginamos jugueteando en la orilla con la espuma que dejan las olas que llegan y después se van en un vaivén acompasado con el ritmo de la naturaleza. La tarde está cayendo, los rayos del sol ya no dañan, tan sólo acompañan. Nuestro espíritu está sosegado. Esperamos sin prisa la llegada de la noche tal vez para ir a divertirnos, tal vez para ir a bailar, tal vez para soñar. Y mientras con nuestra imaginación seguimos nuestros propios pasos descalzos por la arena, una melodía suave, nostálgica, melancólica, como nuestro propio estado de ánimo, acude a nuestros oídos y recordamos la imagen de quien la interpreta... Es una mujer oronda, de piel de ébano, aspecto maternal, sonrisa dulce y voz de arcángel y la vemos, igualmente paseando sus pies descalzos a la orilla de un Mar Azul, en las costas de su Cabo Verde natal, como también la podemos encontrar, descalza, sobre el entablado de un escenario cualquiera, interpretando con esa dulzura maternal con la que sólo ella sabe hacerlo una morna, el género musical nacido, como ella, en Cabo Verde. En esta tarde solitaria y melancólica quiero compartir con vosotros la compañía de esta voz sanadora, dejad que os acaricie el oído la morna de Cesaria Evora, Mar Azul
" target="_blank">MAR AZUL 
Cesaria Evora
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La Ausencia del Sol
Aquel día había amanecido de forma diferente. A decir verdad, no estoy muy segura de que hubiera amanecido. Parecía como que el sol se hubiera olvidado de su cita de costumbre y estuviera de vacaciones o se hubiera quedado dormido. No es que hubiera nubes, no, que sí las había, es que era noche cerrada. Miré varias veces mi despertador, lo comparé con los demás relojes de la casa. Encendí mi teléfono móvil, la televisión...Todos estaban sincronizados, sin lugar a dudas era una nueva mañana de un nuevo día, pero el sol seguía sin aparecer, sin dar señales, sin hacerse presente, ni siquiera insinuarse, nada, era como si toda la vida hubiera sido de noche y la existencia del sol solamente un sueño. Mis primeras reaccines de extrañeza fueron convirtiéndose poco a poco y pasaron por momentos de inquietud hasta llegar a convertirse en verdadero miedo. Presté atención a las noticias de la tele, algo raro, grave, debía estar pasando...Pero en la televisión no decían nada, era como los demás días, las mismas noticias más o menos; las mismas guerras, los mismos discursos políticos, los mismos proyectos del gobierno, las mismas entrevistas, los mismos sucesos, otra mujer muerta a manos de su pareja, un pueblo que había quedado incomunicado por la nieve y los niños no podían acudir al colegio porque el autobús no tenía acceso...total, lo mismo de siempre, ninguna novedad, nada que hiciera alusión al fenómeno que yo contemplaba. Terminé mi desayuno, me vestí, pero no me atrevía a salir a la calle; entonces decidí llamar a una amiga. La pillé a punto de salir de casa, ya se le hacía tarde para ir a trabajar. Le sorprendió mi llamada, sobre todo por lo angustiada que me manifestaba, pero ella sin embargo, a pesar de la prisa, estaba muy normal, vamos, muy como es ella, ansiosa, como siempre, pero no daba ningún síntoma de extrañeza. Con un "pero tú estás tonta", me cortó el teléfono, con la excusa de que llegaba tarde. Ante tal dudosa respuesta no tuve más remedio que seguir investigando. Decidí coger la guía telefónica y buscar algún servicio oficial, meteorológico o algo por el estilo, la policía local, la guardia civil, el número gratuito de ayuda, el teléfono de la esperanza... y a todos los que, dentro de mi excitado estado, conseguía localizar. A todos ellos llamé... no sé, pero yo diría que me tomaban por loca o algo así, eso los más comprensivos, pues hubo quien me contestó muy molesto alegando que, por mi voz, ya no tenía edad de andar gastando esas bromas. Mi desconcierto aumentaba por momentos. Mi preocupación, minutos antes basada en pensamientos tan trascendentales como que podría tratarse del fin del mundo, empezaron a tornarse en algún motivo más personal. Empecé a pensar, primero, si se trataría de algún problema que me había surgido en la vista, lo cual debía ser grave, bastante grave..., muy grave; cada vez me asustaba más entre mis paseos de ida y vuelta al baño para mirarme en el espejo. Para mirarme en el espejo y para hacer pipí, pues ya era tal la subida de adrenalina que mis riñones no daban abasto. Abría mis ojos ante el espejo todo lo que podía, me acercaba, intentaba mirar dentro de su iris, a su alrededor, moviendo el globo ocular en todas direcciones, tirando del párpado superior hacia arriba en busca de alguna señal, de algo que demostrara mi problema en la vista. Luego pellizcaba el inferior y buscaba todo lo adentro que podía. Mis ojos tenían el mismo aspecto de siempre, tal vez los sentía un poco inacomodados por la falta de luz natural, pero eso era todo. Aun así dudé en pedir una cita a mi oculista, pero deseché esa idea pues, luego de haber revisado y más que revisado mis órganos de la vista, no sólo mirando en ellos sino haciendo pruebas de enfoque, mirando objetos de cerca, de lejos, a una distancia, a otra, leyendo, letras grandes, titulares y esas cosas, letras normales, de un libro, de otro, de un periódico, de una revista, letras pequeñas, de una factura, de un prospecto de medicina...llegué a la conclusión de que mi vista estaba en perfecto estado y sería una pérdida de tiempo acudir al oftalmólogo. El rato que estuve dándole vueltas a mi vista, haciendo pruebas de todas clases sobre su funcionamiento, me sirvió de distracción para hacerme olvidar un poco el problema principal, y, como decidí que no tenía nada malo en mis ojos, logré tranquilizarme algo; pero, en cuanto recapacité, al ver el oscuro paisaje a través de los cristales de mi ventana, volvió a atacarme el mismo desasosiego. Bueno, el mismo, casi que no, yo diría que bastante mayor, pues el problema, sin duda, radicaba en mi mente. Eso ya era algo grave de verdad. ¿Me estaría volviendo loca?. Tal vez sería un poco de estrés, nada que no se arreglara con unos cuantos ansiolíticos. Algún pequeño problema relacionado con la serotonina; si en el fondo yo sabía que no podía ser nada bueno acostarme a la hora que yo solía; ésto me serviría de escarmiento para meterme en la cama a una hora prudencial. Pero me decía esto y mientras tanto no podía ocultar mi temor sobre lo que me estaba pasando. A pesar de no querer asustar a mi madre, que vivía en otra ciudad con su nuevo marido, me decidí a llamarla, estaba demasiado angustiada y, tal vez ella me pudiera hablar de supuestos antecedentes que yo podía haber tenido de niña, o quizás algún pariente cercano, algún antecesor que me hubiera podido trasmitir algun tipo de enfermedad mental que yo desconociera. Era preciso saberlo, para tener algún dato que me guiara en aquello tan raro que me estaba sucediendo. Llamé a mi madre y, lejos de ayudarme aclarándome dudas, lo que hizo fue enfadarse, reñirme, como si yo todavía fuera una niña. Que la culpa de que me pasaran esas cosas la tenía yo misma, que era una irresponsable, que no sabía asimilar las cosas, que tenía una mente ingenua e infantil, que ya era hora de que aprendiera y que...si no era capaz de leer esos libros que leía, como una persona mayor, que me resignara y leyera cosas más adecuadas a mi mentalidad, menos dañinas para mí; porque, no es que esas lecturas fueran dañinas en sí, pero estaban hechas para ser leídas por gente que supiera discernir la realidad de la fantasía, por personas que demostraban su adultez, y parecía mentira que yo, a mi edad, todavía me tragara esas cosas. Así que tendría que prometerle que, por lo menos, en una temporadita, no iba a tocar ninguno de esos libros, por mi salud mental. Que ella pensaba que eran tonterías mías, ya que siempre había sido muy fantasiosa, y que, en unos cuantos días de restricción de esas lecturas, de seguro que olvidaría el asunto y volvería a la realidad. Pero que, de no ser así, o, en el caso de que la desobedeciera y continuara con esas lecturas, en cuyo caso seguiría con mi trastorno, se vería obligada a llevarme a un psiquiatra. La verdad, me indigné con su postura, me trataba como una niña y pretendía que esa era la ayuda que me tenía que dar, más valía que no la hubiera llamado. "Anda, quédate tranquila con tu maridito", pensé, tengo suficiente edad para saber cuando debo acudir a un médico y cuál es el especialista que me ha de ver. En definitivas cuentas, había perdido de ir a trabajar, así que tuve que llamar diciendo que me encontraba enferma, pero no hice ninguna alusión a mi problema. Aunque, a decir verdad, ya me estaba adaptando a esa nueva situación, pues el sol no llegó a mostrarse en todo el día, interiormente mi inquietud seguía aumentando, seguía sin poder entender lo que pasaba, sin poder acostumbrar mi vista a esa nueva situación y, encima, nadie me sacaba de dudas, nadie era capaz de darme una explicación convincente. Intenté tranquilizarme y, ya que no había ido a trabajar, aprovecharía para ir a hacer unas compras que había ido posponiendo. Quizás eso me ayudaría a descubrir dónde radicaba el extraño fenómeno, tal vez no sería un problema mío, ni mental, ni de la vista, y mucho menos de "infantilismo", como me achacaba mi madre, tal vez se trataba de algún fenómeno de tipo atmosférico perceptible subjetivamente, es decir, tan sólo apreciable por personas muy sensibles, que adolecieran de algún tipo de sensibilidad especial o exacervada. Al ir de tiendas, necesariamente me mezclaría con gente de todo tipo, prestaría atención a las conversaciones y, seguro que me tropezaría con alguna persona a la que le ocurriera lo mismo que a mí. A decir verdad, ya era casi medio día y el sol continuaba sin dar señales de vida, se me hacía raro salir de compras a última hora de la mañana como si fuera de noche, con el cielo totalmente oscuro, exceptuando algún brillo de alguna estrella que se dejaba ver por entre las nubes, y con todas las luces eléctricas encendidas, las farolas, los letreros luminosos, las ventanas de las viviendas, el interior de los comercios...todo, como cualquier día después de anochecido. Entonces recapacité, me di cuenta de algo que me había pasado desapercibido, ¡que tonta!, era algo tan evidente, cómo no me había dado cuenta antes. Si las luces eléctricas estaban encendidas es que, realmente era de noche, que realmente las demás personas tampoco eran capaces de ver la luz del sol, o sea que no se trataba de ningún trastorno mío, de ningún fenómeno de mi percepción, a menos que confundiera el fulgor de los rayos del sol con la iluminación eléctrica, cosa que también podría ser probable. No sé, mi cabeza estaba ya tan liada que no acertaba a tener ningún pensamiento congruente o, al menos convincente. Pero, lo peor que podía hacer ante esa situación era quedarme en casa, además tenía ganas de poder llegar a una conclusión que me resultara un mínimo de satisfactoria además de la simple curiosidad por saber cómo estaban viviendo las demás personas esa extraña situación, ese fenómeno que no sé si llamar extrasensorial, mental, atmosférico, apocalíptico o vaya usted a saber de qué tipo. Pero, el caso es que los organismos a los que había llamado por teléfono no tenían constancia de que pasara algo extraño o diferente, incluso habían llegado a pensar que se tratara de una broma mía. Mi amiga me había dicho con todas las letras que "estaba tonta". Mi madre, incluso se había enfadado conmigo por mi mentalidad infantil y, lo que es peor, me había hecho prometerle que dejaría de leer las novelas de ciencia ficción que tanto me gustaban, por considerarme incapacitada para su asimilación, eso sí que me tenía realmente indignada. Bueno, total, menudo lío, menudo día tan raro estaba viviendo...Ya que todo estaba trastocado, qué importancia tendría que, en lugar de ir al trabajo saliese de compras. Y así, con la decisión tomada me lancé a la calle a ver qué ocurría. La gente estaba tan o más normal que de costumbre, las conversaciones eran las típicas entre las marujas, los dependientes atendían con la misma abulia de siempre, excepto Lali, la dependienta de la perfumería de la esquina, que, como siempre, con tal de parecer la más simpática, la más mona, la más...bueno, la más artificial, porque va siempre hecha una máscara con sus kilométricas pestañas, su sombra azul pavo real y sus uñas de bruja, no paraba de hablar, de hacer probar a sus clientas los nuevos perfumes, ¡buah! aquello apestaba con tanta mezcla y de hacerles caídas de párpado a los clientes masculinos. En fin que volví a casa cansada de callejear, con alguna bolsa que otra, pues tuve ocasión de aprovechar las últimas rebajas, pero con la misma incertidumbre con la que había salido. Nadie, ni una sola persona se dignó pronunciar algo sobre el fenómeno solar. Entonces recordé algo de lo que había oído hablar o había leído o, no sé muy bien cuál era la referencia, un fenómeno que era posible que se diera pero que aun no había tenido ocasión de presenciar en toda mi vida; se trataba, si no recordaba mal, de un eclipse. Según la noción que yo tenía de aquello porque, ahora lo recordaba bien, lo había leído en uno de esos libros que tanto me gustaban; durante el tiempo que durase el fenómeno, el sol se oscurecería, quedando como resultado la tiniebla total. Pero, era curioso que, siendo el eclipse un fenómeno tan poco corriente, no fuera el centro de atención del día, las noticias no lo hubieran anunciado y la gente no saliera de su rutina al observar algo tan extraño y diferente. Intenté pasar la tarde relajada, procurando evitar darle muchas vueltas al asunto, preparé la comida del día siguiente, me hice una maratón de cine en casa, no me perdí las noticias de la noche, todavía con esperanzas de esclarecer mi terrible incógnita, aproveché para ordenar unas cosillas que siempre se me iban quedando en el olvido, cené, vi un concurso en la televisión y, agotada me fui a la cama. Cómoda y calentita, con mi pijama y mis zapatillas llegué con ilusión a mi lecho donde me esperaba mi edredón y un libro sobre la mesilla, que era mi compañía, mi alegría, mi regocijo, mi apoyo en las largas noches de soledad, durante horas, hasta que conseguía conciliar el sueño. Obviando la promesa que me había obligado a hacerle mi madre sobre lo de no volver a leer, al menos en una temporada, los libros de ciencia ficción a los que era tan aficionada, cojí éste entre mis manos como si tal cosa, con la costumbre con la que uno come el pan de cada día, lo abrí por donde tenía colocada la señal y comencé a leer: "Aquel día brillaba un sol espléndido...". Me interné en su lectura hasta que, de puro sueño, el libro se me escurrió de las manos cayendo al suelo con la portada hacia arriba, de manera que podía leerse su título: LOS DIAS EN QUE EL SOL ILUMINABA LA TIERRA. |  La Tierra de Noche, fotografía tomada por satélites metereológicos del ejército de Estados Unidos.
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